Parque público | Los buenos, los malos y los feos. Parte XI


Redacción
2026-04-23 10:39

Análisis del sexenio de Echeverría en México y el papel de funcionarios destacados como Octavio Sentíes y Porfirio Muñoz Ledo en la política nacional.

Una mirada a los “buenos” en tiempos difíciles.

Dentro de los sexenios más nefastos y desastrosos que ha tenido México definitivamente está el de Luis Echeverría Álvarez (1970 a 1976) que se caracterizó por una política populista que recurrió al endeudamiento excesivo y a una galopante inflación que mucho afectó la economía de las familias mexicanas, haciendo que los pobres fueran aún más pobres.

Recorría el país sintiéndose un emperador y repartía dinero respondiendo a todas las solicitudes que se le hacían con cuatro palabras: “que se los den”, y a una seña suya un elemento del Estado Mayor Presidencial hacía entrega de dinero que no se auditaba y, en muchos casos, no se destinaba para las obras solicitadas al entonces titular del Ejecutivo federal.

También se cuenta que se sintió el presidente del país más poderoso de Latinoamérica y  como si fuera el “hermano mayor” o el “papá de los pollitos” regalaba dinero como si fuera suyo a Cuba, El Salvador, Nicaragua y a todo país sudamericano que se lo solicitara y a fondo perdido, de todo eso seguiremos hablando, por lo pronto estamos haciendo referencia a los políticos y funcionarios buenos que ha tenido México a lo largo de su presidencialismo, porque también en algunos sexenios o periodos de gobierno malos han habido políticos y servidores públicos excelentes.

El sexenio de Echeverría tuvo muy malos funcionarios y contados buenos, de entre estos está el abogado Octavio Sentíes Gómez, oriundo de Veracruz, Veracruz. Sentíes Gómez cursó sus estudios elementales en su tierra natal, se trasladó a la Ciudad de México para inscribirse en la Escuela Nacional de Jurisprudencia y se graduó en 1937; ejerció como abogado representando al gremio transportista. Siendo muy joven el político Wenceslao Labra, senador por el estado de Hidalgo, se convirtió en gobernador del Estado de México y el joven Octavio Sentíes fue su secretario particular, lo que le serviría para ser diputado federal en dos ocasiones.

A escaso medio año de iniciado el gobierno de Luis Echeverría se suscitó otra represión estudiantil conocida como el “halconazo” o “matanza de jueves de corpus”, concretamente el 10 de junio de 1971, día de la celebración católica de Corpus Christi en que grupos de manifestantes de la Universidad Nacional Autónoma de México y del Instituto Politécnico Nacional se solidarizaron con estudiantes de la Universidad de Nuevo León que habían realizado un paro de labores; ese episodio, se cuenta, dejó muchos estudiantes muertos y lesionados por un grupo paramilitar entrenado para mezclarse con los grupos estudiantiles y agredirlos al ser profesionales en artes marciales y en el manejo de armas orientales.

El anterior suceso estuvo a punto de escalar muy alto acarreando consecuencias muy graves para el país y alguien tenía que pagar “el precio”, siendo el “sacrificado” el regente de la Ciudad de México Alfonso Martínez Domínguez y, precisamente, su lugar fue ocupado por el legislador Octavio Sentíes.

Desde su arribo a la regencia de la Ciudad de México, don Octavio manejó con mano maestra las inconformidades estudiantiles que estuvieron muy cerca de pasar a mayores consecuencias; se cuenta que su éxito en esa tarea fue el saber escucharlos y atender sus demandas pues había sido docente de derecho, además era de muy buen carácter y de un trato amable con todas las personas. Él terminó de consolidar la reforma administrativa del entonces Distrito Federal, descentralizando el gobierno en 16 delegaciones. 

Durante su gestión se realizaron obras de gran impacto que han trascendido a través de los años, como la construcción de un drenaje profundo que fue pensado para funcionar a largo plazo por el crecimiento que ya se veía venir de la capital del país, también embelleció la imagen del centro histórico, construyó parques y jardines, amplió el Bosque de Chapultepec -algo que le agradecieron mucho los capitalinos al darles mayor esparcimiento familiar, amplió vialidades y construyó el Circuito Interior.

Conocí de la obra de don Octavio Sentíes Gómez por las interesantes pláticas del ingeniero Rodolfo Ruiz Pérez, muchos años funcionario del gobierno del estado de Hidalgo y del gobierno federal que lo comisionó como delegado en esta entidad en el ramo de obras públicas, comunicaciones y transportes, además de que fue diputado federal por Actopan de 1988 a 1991, cargo en el que muy joven tuve el honor de ser su ayudante. El ingeniero nos llegó a contar que el político veracruzano era una enciclopedia andando y se sabía datos históricos y culturales de muchos países europeos sin haber ido nunca a Europa.

Se le considera dentro de los buenos políticos y funcionarios porque después del importante y muy relevante cargo ocupado se le vio llevando una vida austera y ejerciendo su profesión de abogado litigante sin ostentosidades, caminando solo por los juzgados cargando el mismo su portafolio.

Dentro de los secretarios de Estado del gobierno de Echeverría destaca uno muy singular que fue su secretario del Trabajo y Previsión Social. En esta ocasión lo ubicaremos dentro de los buenos, aunque se dice tuvo sus claroscuros, lo cierto es que en muchas cosas es y será un referente dentro de la moderna política mexicana y ese es nada más y nada menos que Porfirio Muñoz Ledo, descendiente de políticos del estado de Guanajuato, pero nacido en la Ciudad de México, en la que desde muy joven mostró una gran vocación y habilidad política. Fue líder estudiantil en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) cuando era estudiante de derecho, en cuya mesa directiva de la sociedad de alumnos tuvo como compañeros a alumnos que también trascenderían en la política nacional, como Miguel de la Madrid Hurtado, que fue presidente de la República; a Adolfo Lugo Verduzco, que fue también líder del Comité Ejecutivo Nacional del PRI y gobernador de Hidalgo. Antes había coincidido en sus estudios primarios con el hijo del general Lázaro Cárdenas del Río, el ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas Solorzano.

Sin duda se trató de un hombre inteligente, ya que hay quienes lo ubican como un líder de inicios porriles; lo cierto es que hay que mirar que fue maestro en universidades europeas y en la propia UNAM, donde fue catedrático de la asignatura de teoría del Estado y eso viene a refutar cualquier descalificación que se quiera hacer sobre el intelecto y la preparación de cualquier político. Se dice también que poseía grandes cualidades oratorias y de improvisación, pues ante situaciones complicadas o cuestionables siempre tenía muy buenos argumentos y muy buena oratoria.

Era muy bueno para el debate político, como diputado federal y senador causaba expectación cada que subía a tribuna, si hubiera vivido en la época del Imperio Romano se habría dicho que era buen tribuno o como dicen en mi pueblo era “entrón”, muy valiente y algunas veces elocuente, pues en tiempos donde era impensable el desafío a un presidente de la República, Muñoz Ledo interpeló a Miguel de la Madrid Hurtado durante su sexto y último informe de gobierno el primero de septiembre de 1988, interrumpiendo la lectura del primer mandatario le gritó en repetidas ocasiones “traidor” ante el asombro de todos y de las televisoras que de manera institucional transmitían el informe y momentáneamente no supieron que hacer ante la osada e inusual interrupción con insultos al otrora inatacable jefe del Estado mexicano. Miguel de la Madrid optó por la callada, fue la primera vez que se interpelaba a un presidente en la historia de los informes presidenciales, el primero de septiembre de cada año era conocido como “el día del presidente”, pues todo era aplausos, salutaciones (besamanos), abrazos, felicitaciones, un recorrido por las principales calles del Zócalo capitalino en un Cadillac descapotable, en cuyo trayecto había una lluvia de confeti tricolor verde, blanco y rojo con grandes acarreados, perdón, de muchedumbre aplaudiendo y ovacionando, después de ahí seguía el ágape en el que los más altos funcionarios del país y los gobernadores de los estados hacían llegar, a Los Pinos o al recinto donde se hacía la comilitona, grandes cantidades de platillos típicos de las provincias, a muchos gobernadores de nuestro querido estado de Hidalgo les correspondió llevar la barbacha, los pastes y unos barrilitos de pulque.

De Porfirio Alejandro Muñoz Ledo y Lazo de la Vega seguiremos hablando, no sabemos si en verdad contribuyó o no al avance democrático de México, en lo que sí contribuyó y de eso estamos seguros fue que con su osadía, intrepidez, valentía y atrevimiento fue que gracias a él se cambió el formato de cómo el presidente de la República rinde su informe ante el Congreso y a la nación, ritual que desde esa ocasión comenzó a ser más austero quedando atrás la ceremonias ostentosas, innecesarias y aburridas que solían hacerse cada primero de septiembre. 

Cajón de sastre: en estos últimos días han sucedido cosas en nuestro querido México que llaman mucho la atención, la mayoría de ellas violentas, cosa que ya no influye mucho en la capacidad de asombro, pues la violencia se percibe ya como algo natural en nuestro hermosísimo país, pero lo que llama la atención es que sabíamos que en otros países, árabes principalmente  o en universidades norteamericanas, un tipo deschavetado con armas de alto poder hacía matazones de gente, pero ahora sucedió en México y por si fuera poco el escenario fue en un referente de las culturas prehispánicas. En la Pirámide de la Luna, este lunes 20 de abril como a las once y media de la mañana, un sujeto subió a la pirámide y con una pistola mató a una turista canadiense e hirió a trece personas más y, por último, se quitó la vida. El caso trae muchas lecciones, pero puntualizaré sólo en dos: la primera es cómo un tipo vulnera la seguridad en un sitio que debe de ser más y mejor resguardado. ¿Cómo fue que ingresó a uno de los santuarios más importantes con un arma? Y la segunda lectura: ¡Ya bájenle políticos y gente enajenada a sus discursos de odio! Pues lo sucedido es un reflejo de que sus mensajes sí calan en los débiles de pensamiento, lo que los hace muy peligrosos.

La madrugada del 18 de abril de estos 2026 cuatro agentes de investigación murieron; se dice que en un accidente en el que derrapó un vehículo de los cinco que integraban un convoy que viajaba por la Sierra Tarahumara en Chihuahua, lo que llama la atención es que dos de los difuntitos eran gringos pertenecientes a la CIA que vinieron a desmantelar seis laboratorios clandestinos de drogas de un cartel mexicano y con eso ¿dónde queda nuestra soberanía? Otra cosa que llama la atención es que la presidenta Claudia Sheinbaum dijo desconocer esta intromisión, perdón, operación conjunta que solicitó el gobierno del estado de Chihuahua a Estados Unidos, a parte de lo de la vulneración a la soberanía llama también la atención por qué la gobernadora de ese estado recurre a los extranjeros y no a las fuerzas policiales y militares nacionales, ¿acaso se manda sola para ese tipo de cosas tan delicadas? O será que tiene desconfianza de sus propias Fuerzas Armadas connacionales.

La primera semana de abril el Estado mexicano fue condenado a pagar 47 millones de dólares a la empresa canadiense Lion México Consolidated, la cual tenía en nuestro país litigios por cuestiones de hipotecas. La Corte de apelaciones del distrito de Columbia condenó a resarcir el daño que causaron jueces mexicanos a la referida empresa al “denegar justicia”, “retrasos”, “cero trato justo” y “decisiones contrarias a derecho”. La Corte refirió que el Estado mexicano es responsable solidario de la ineptitud de sus funcionarios. La conclusión es la siguiente: ¡sigan haciendo reformas al vapor que sólo sirven para imponer a los menos capaces que no sólo acarrean consecuencias legales a México, sino que nos dejan mal parados y como jurídicamente ineptos ante el mundo!

Autor: Cuauhtémoc Granados Díaz 
Profesor investigador del área académica de derecho de la UAEH



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