Parque público | Los buenos, los malos y los feos. Parte VI


Redacción
2026-02-12 13:21

Un repaso al sexenio de López Mateos destaca a Javier Barros Sierra como símbolo de ética y obra pública con visión de Estado.

Luces y sombras del poder en la historia política mexicana.

Continuamos nuestro recorrido histórico conociendo a aquellos personajes que brillaron en los gobiernos mexicanos, calificados en esta columna como los buenos. En próximas entregas conoceremos a los malos y de plano a los que rayan en lo indeseable, historias negras que ningún país quisiera tener.

Nos hemos estacionado en analizar la administración de don Adolfo López Mateos (1958-1964), uno de esos sexenios que dejaron un buen sabor de boca y, quizá, añorados por la ciudadanía mexicana. 

Gran parte del éxito no sólo estuvo en la templanza y amor de los expresidentes hacia México, también de quienes fueron sus colaboradores evidenciando que los mejores gobiernos no son precisamente aquellos en donde el nepotismo imperó tanto en la administración pública federal o de las entidades federativas. 

Vale la pena destacar, por ejemplo, a Benito Juárez o a Porfirio Díaz cuyos equipos estuvieron integrados por los mejores perfiles.

El sexenio de López Mateos tuvo al ingeniero Javier Barros Sierra como primer secretario de obras públicas, un destacado servidor público oriundo de la Ciudad de México y nieto de otro grande, Justo Sierra Méndez, el “Maestro de América” quien fue secretario de Instrucción Pública en el gobierno de Porfirio Díaz.

Estudió en la UNAM donde destacó por sus grandes proyectos en ingeniería civil, fue profesor de dicha facultad de la que llegó a ser director. A finales de la década de los cuarenta Barros Sierra fue de los creadores de la mega empresa Ingenieros Civiles Asociados (ICA) y se caracteriza por titánicas obras a nivel mundial.

Como ingeniero civil en ICA, la UNAM lo contrató para realizar la infraestructura de varias de facultades como la de filosofía y letras, odontología, edificó laboratorios en química, medicina y construyó el Estadio Olímpico Universitario.

Al iniciar su sexenio López Mateos lo designó primer secretario de Obras Públicas ya que antes esa dependencia estaba inmersa en la Secretaría de Comunicaciones y Transportes, en ésta, el presidente nombró al ingeniero Walter Cross Buchanan, mexicano por nacimiento e hijo de padres escoceses, experto en electrónica y en aquel tiempo pionero en temas de ingeniería espacial. Fue de esos extranjeros que sintieron a México como suyo e hicieron cosas importantes dejando un gran legado.

Inmediatamente después de ser nombrado titular de Obras Públicas el ingeniero Barros Sierra vendió sus acciones en el consorcio ICA para no verse inmiscuido en grillas ni en malos entendidos por conflictos de interés, lo que habla de su honestidad y probidad como servidor público (cosa que en la actualidad deberían de hacer ciertos políticos. 

 

El ingeniero Barros como secretario realizó importantes obras para la nación, como termoeléctricas, refinerías, puentes, abrió caminos destacando el inicio de la carretera México- Pachuca, construyó el mercado de la Merced y en varias entidades iniciaron importantes obras que actualmente siguen siendo funcionales.

Antes de finalizar el sexenio fue serio aspirante para obtener la candidatura a la presidencia de la República, llegó a ser el más férreo competidor para Gustavo Díaz Ordaz quien finalmente por su posición privilegiada en el gabinete al haber sido secretario de Gobernación se quedó con la nominación.

El catedrático Barros Sierra fue gran defensor de la autonomía universitaria participaba en las caminatas de Ciudad Universitaria hacían al zócalo capitalino, nunca persuadió a los jóvenes ni los instó a combatir a las instituciones, su postura fue la defensa del estudiantado y a la plantilla docente, el respeto a la libre manifestación de las ideas y la libre determinación de las universidades públicas para impulsar las ciencias, las humanidades y la creación de tecnología para una vida mejor, desterrando los atavismos que mucho hacen retroceder a una sociedad.

El ingeniero murió joven cuando sobrepasaba el medio siglo de edad, no sólo debemos de reconocer que fue buen servidor público sino también un extraordinario rector.

CAJÓN DE SASTRE: Un día como hoy, pero de 1929, la iglesia católica sepultó con honores a José de León Toral quien el 9 de febrero (dos días antes) había sido fusilado en el Palacio Negro de Lecumberri por haber dado muerte a Álvaro Obregón el 17 de julio de 1928 en el restorán la Bombilla de San Ángel de la Ciudad de México. Obregón ya había ganado las elecciones, torciendo la ley se reeligió para un segundo mandato (1928-1932), el primero fue de 1920 a 1924 sucedido por su compadre, el también sonorense, Plutarco Elías Calles pese a que de León Toral se declaró confeso como asesino solitario fue procesado junto con la monja católica María Concepción Acevedo de la Llata a quien se le acusó de ser la instigadora del homicidio ya que en repetidas ocasiones persuadía a Toral al decir: “la muerte de Obregón y Calles salvará a la religión católica” por la persecución a los católicos (en entregas anteriores hemos hecho referencia a que en este 2026 se cumplen cien años de la Guerra Cristera en México) Toral en un juicio oral fue sentenciado a la pena de muerte por fusilamiento y la religiosa condenada a veinte años de prisión, terminó casándose con otro preso en las Islas Marías antes de obtener su libertad.

Revelaciones posteriores de los médicos forenses que practicaron la necropsia a Obregón dirían que el cuerpo presentaba heridas producidas por balas de diversos calibres, lo que descarta la versión del asesino solitario (eso lo volvimos a oír en 1994), la muerte de Obregón le permitió a su compadre Plutarco Elías Calles gobernar tras bambalinas el país por seis años más, lo que se conoce en la historia de México como “El Maximato”.

Con lo anterior se especuló que la muerte del “último caudillo” no fue por la persecución a los católicos, sino por motivos políticos beneficiando a Calles quien en aquellos años tenía como uno de sus secretarios más allegados al tamaulipeco Emilio Portes Gil, la picardía mexicana de aquellos años a manera de mofa decía ¿Quién mató a Obregón? La respuesta de la gente era ¡Cállessssee y Pórtessseee bien!

Si ahora nos preguntáramos ¿quién mató a Colosio? No pos está pelón saberlo. 

Autor: Dr. Cuauhtémoc Granados Díaz
Profesor investigador del área académica de derecho de la UAEH



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