Repensando lo público | Realidad y percepción: el dilema de los indicadores y el bienestar de la población
Redacción
2026-02-12 11:53
Los gobiernos presumen baja en delitos, pero más de la mitad de la población se siente insegura
El martes pasado la Jefa de Gobierno de la Ciudad de México, Clara Brugada, aseguraba que ha habido una disminución real de los delitos en la ciudad. No obstante, realizó unas declaraciones en las que vinculaba la percepción de inseguridad en la ciudadanía con la información sobre nota roja que difundían los medios de comunicación. Más allá del supuesto pacto con estos medios para bajarle a la nota roja, surge la reflexión acerca de si la información que arrojan los indicadores es real y evidencia una mayor seguridad en la ciudades.
Y es que este alarde en la mejora de indicadores, en diversos ámbitos, no es exclusivo de la capital del país, gobernantes de cualquier ciudad lo hacen cada vez que tienen oportunidad. El INEGI aplica encuestas en todo México, como la de Seguridad Pública Urbana (ENSU) que mide lo que vivimos y sentimos la ciudadanía en el entorno urbano a través de cómo percibimos la seguridad pública en las ciudades, nuestra experiencia directa con los delitos y la confianza en las autoridades. Esta encuesta ha demostrado un aumento en la percepción de inseguridad, en donde más de la mitad de la población en el país nos sentimos inseguros.
Los gobiernos, por su parte, nos hablan de indicadores como la tasa de homicidios dolosos por 100 mil habitantes, tasa de robos con o sin violencia, prevalencia o incidencia delictiva, etc. Según datos del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, en 2025 la tasa de homicidios dolosos disminuyó significativamente comparada con niveles altos de años recientes. Aproximadamente 17.5 homicidios dolosos por cada 100,000 habitantes a nivel nacional.
Pero, qué significan esos indicadores, que solo tienen sentido y valor para quienes los han construido. La mayoría de los ciudadanos no los comprendemos técnicamente ni mucho menos entendemos las cifras positivas cuando nos enfrentamos a la realidad que vivimos al viajar en transporte público hacia el trabajo, al conducir por carretera, al salir a divertirnos por la noche o al salir de vacaciones y dejar sola nuestra casa. Generalmente, los índices de delitos reportados por la policía y los índices de percepción ciudadana sobre la seguridad no coinciden.
Si los gobiernos realmente desean que nuestra percepción sobre la inseguridad o cualquier otro problema social se transforme para mejor, los indicadores que midan los cambios o impactos debieran ser indicadores comprensibles, sencillos y comunicables para nosotros como población, además de incorporar valores en sí mismos.
En vez de medir la cantidad de delitos, medir, por ejemplo, el porcentaje de mujeres que viajamos solas en transporte público a partir de las 10:00 de la noche. Si este sector de la población, vulnerable, usamos el transporte público en un horario particularmente peligroso, significa que las medidas de seguridad y de transporte implementadas por los gobiernos están siendo exitosas. O en vez de medir la cantidad de mercurio que tiene el agua, lo cual muchos no entendemos, por qué no medir la cantidad de peces que hay en los lagos y ríos. Si hay vida en esos espacios, cuando antes no la había, significa que el agua está limpia y las decisiones se están tomando correctamente. Eso es algo comprensible para nosotros como ciudadanos.
En un país donde el pueblo realmente importa, debieran diseñarse indicadores que todos comprendamos y logren esa coincidencia entre lo que los gobiernos reportan y lo que como ciudadanos percibimos y vivimos.
Autora: Talina Merit Olvera Mejía
Coordinadora del doctorado en políticas públicas UAEH
