Parque público | Los buenos, los malos y los feos


Redacción
2026-01-15 12:09

Hubo un tiempo en México donde la disciplina financiera, la educación y el servicio público sí daban resultados.

Mirar el pasado también ayuda a entender lo que hoy falta.

Continuando con nuestro breve recorrido histórico por los diferentes periodos del presidencialismo mexicano, las peculiaridades de sus titulares y funcionariado a su cargo, dentro del cual destacan algunos de sus integrantes por haber hecho un excelente papel en beneficio de México y de los mexicanos, mientras otros son recordados por todo lo contrario: haber sido malos. Dentro de éstos últimos están los que, aparte de malos, serán recordados por haber sido nefastos o por sus resbalones o latrocinios desmedidos, y a ellos en su momento nos referiremos como los feos.

Nos hemos detenido en hacer una remembranza del sexenio del presidente Adolfo López Mateos por haber sido un gobierno aceptable para el pueblo de México, de hecho, fue junto a los gobiernos de Ruiz Cortines y Gustavo Díaz Ordaz en los que se alcanzó el llamado desarrollo estabilizador. En su tiempo, un gran exponente de las finanzas mexicanas fue don Antonio Ortiz Mena, oriundo de Parral, Chihuahua; longevo, vivió una centuria (1907-2007). Desde muy joven trabajó en modestos cargos en bancos y en oficinas públicas relacionadas con el cobro de impuestos; su carrera fue en ascenso hasta ocupar, durante el sexenio de Adolfo Ruiz Cortines, la dirección del Instituto Mexicano del Seguro Social (decían los viejos que en aquellos años dicho instituto sí funcionaba como los institutos de salud de Dinamarca); de ahí, Ortiz Mena fue nombrado secretario de Hacienda y Crédito Público, cargo en el que despachó por dos sexenios, el de López Mateos y el de Díaz Ordaz, en el que logró alcanzar el más alto superávit financiero para México con un crecimiento de 7 por ciento anual que jamás ha sido superado, crecimiento que en su tiempo sólo fue superado por Japón, Singapur y Corea del Sur.

Ortiz Mena fue relevado de la Secretaría de Hacienda por Hugo Benigno Margáin (al que renunció al poco tiempo de haber sido nombrado) al iniciar el sexenio de uno de los personajes más siniestros de la política mexicana en 1970: Luís Echeverría Álvarez (en otra columna diremos por qué su gobierno se caracterizó por un desmedido endeudamiento y una inflación que mucho afectó a las familias mexicanas). Al dejar la titularidad de la Secretaría de Hacienda, don Antonio fue director del Banco Interamericano de Desarrollo por 18 años. Sin duda está dentro de los más eficientes funcionarios mexicanos del ramo económico-financiero.

Otro grande dentro de la política mexicana fue don Jaime Torres Bodet, quien prácticamente nació con el siglo XX en la Ciudad de México. Desde muy joven destacó como escritor, ensayista, literato y docente, cualidades que llamaron la atención de políticos de gran nivel de su tiempo; tres años fue secretario de Educación en el gobierno del general Manuel Ávila Camacho, dos años fue un muy buen secretario de Relaciones Exteriores durante la gestión de Miguel Alemán Valdés y durante la administración del licenciado Adolfo Ruiz Cortines fue embajador de México en Francia. En el sexenio del licenciado Adolfo López Mateos ocupó nuevamente la Secretaría de Educación Pública y es considerado como uno de los mejores titulares en ese importantísimo rubro, pues impulsó algo por lo que los universitarios de todo el país le debemos respeto y agradecimiento: la autonomía universitaria.

Además, instituyó para la niñez el programa del libro de texto gratuito (fueron los tiempos en los que se repartían a las infancias libros de historia, civismo, matemáticas, español y otras materias que en la actualidad han sido malamente relegadas) y en la portada aparecía “La Patria”, personificada en una mujer mestiza muy hermosa enarbolando el Lábaro Patrio, pintada por el artista Jorge González Camarena. Se trató de Victoria Dorantes Sosa, originaria de Coaxamalucan, Tlaxcala. Los textos de todos los grados de educación primaria tenían la misma imagen por sugerencia que a Torres Bodet le hiciera el escritor e historiador Martín Luis Guzmán; eran libros verdaderamente educativos que mucho fomentaron las potencialidades humanas, no como los actuales que suelen ser libros tendenciosos a ideologías que finalmente no sabemos si son o no acertadas o que persiguen adoctrinarnos a conveniencia de la clase gobernante.

Dichas acciones le merecen a don Jaime Torres Bodet ser un baluarte del progreso educativo en nuestro país en una época caracterizada por muy altos índices de analfabetismo, marginación y un espantoso atraso cultural; en la gestión de don Jaime se construyeron escuelas de educación básica y se impulsó la infraestructura educativa y se mejoraron las condiciones laborales de docentes. Ocupa el podio en los primeros lugares de esta importante dependencia con otras personalidades como Justo Sierra, José Vasconcelos y el ideólogo Jesús Reyes Heroles, todos geniales, pero independientemente de lo que opinen nuestros amables lectores, el premio mayor es para don Jaime Torres Bodet, pues no podemos omitir que fue uno de los posibilitadores de la transformación del Instituto Científico y Literario del Estado de Hidalgo a la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo en 1961, año en que nace nuestra gloriosa alma mater, que ahora es una de las más prestigiosas universidades del país con excelente ranking internacional.

Torres Bodet es de los pocos mexicanos que han ocupado cargos relevantes en la Organización de las Naciones Unidas, ya que en esa importante institución fue director general para la educación, la ciencia y la cultura, cargo que sin duda es honroso que haya sido ocupado por un paisano en aquellos tiempos de atraso en los que se nos denostaba a los nacidos en tierra azteca al hablar de dichos temas en el extranjero, cuando se decía que no éramos buenos para eso y para nada.

Otro gigante dentro del funcionariado mexicano en aquella época fue Rodrigo Gómez Gómez, originario de Linares, Nuevo León; economista profesional, desde muy joven trabajó en cargos modestos en bancos en su tierra natal y ahí su carrera fue en ascenso hasta convertirse en director general del Banco de México, cargo que desempeñó en los tres sexenios del desarrollo estabilizador (Adolfo Ruiz Cortines, Adolfo López Mateos y Gustavo Díaz Ordaz). A los tres presidentes con los que colaboró advirtió que la disciplina en el gasto era elemental para tener finanzas sanas, por lo que privilegió una política monetaria prudente, lo cual implicó una estabilidad en los precios al consumidor, consiguió que el peso mexicano fuera una moneda fuerte en el contexto internacional. En Latinoamérica, los bancos, oficinas del Tesoro y secretarías de Hacienda copiaron su modelo que diseñó para el cuidado del dinero público, el cual decía: “los fondos públicos hay que ponerlos a trabajar para hacerlos crecer y con ellos servir a mejorar la calidad de vida de la población”.

Fue un gran financiero austero que pudo lograr que acontecimientos violentos, como la Revolución de México, la primera y segunda guerras mundiales y la guerra de Corea no impactaran de sobremanera el escaso dinero público mexicano. Fue el principal impulsor de la autonomía del Banco de México como la primera condicionante de una economía sana. Además, una asociación de bancos latinoamericanos instituyó el premio “Rodrigo Gómez Gómez” que año con año se otorga al ejecutivo bancario más destacado e innovador.

CAJÓN DE SASTRE: En esta columna pensaba abordar el tema tocante a la detención del dictador Maduro en Venezuela por nuestros vecinos del norte, pero es algo ya un poco desfasado además de trillado, en lo sucesivo en una parte de esta columna denominada “cajón de sastre” me referiré brevemente a sucesos importantes que en este recién estrenado 2026 cumplen aniversarios, como la Guerra Cristera en México, llevada a cabo hace 100 años orquestada por políticos sonorenses, principalmente Plutarco Elías Calles, contra la religión católica en aras de arrebatarse mutuamente el poder, poco se habla de ese episodio de nuestra historia sangrienta; mencionamos mucho y hasta en las escuelas, la guerra de Independencia, la guerra de liberales contra conservadores durante la Reforma, la Revolución, pero no menos importante es la Guerra Cristera, que dejó miles de muertos lo que la hace un acontecimiento no menos importante.

Continuará.

Autor: Dr. Cuauhtémoc Granados Díaz 
Profesor investigador del área académica de derecho de la UAEH



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