Fuera de guion | El costo de no corregir a tiempo
Redacción
2026-01-09 11:32
Hidalgo llega a 2026 entre discursos de estabilidad y una realidad que duele: inseguridad creciente, violencia que deja de ser “hecho aislado” y autoridades rebasadas
Hidalgo entra al 2026 con una narrativa de estabilidad que cada vez se sostiene menos en la realidad. El “vamos bien” se repite como mantra desde el poder, pero en las calles, en los municipios y particularmente en regiones como Tula, el mensaje que percibe la ciudadanía es otro: incertidumbre, miedo y una creciente desconfianza en las instituciones.
Los hechos delictivos que han marcado el arranque de 2026 en Tula no son una coincidencia ni una ráfaga pasajera. Son la consecuencia de años de negación, de mirar hacia otro lado y de preferir la estadística cómoda antes que el diagnóstico real. Cuando la violencia se instala, cuando los hechos armados se vuelven recurrentes y cuando el temor se normaliza, ya no se puede hablar de hechos aislados, sino de una falla sistémica.
Uno de los mayores fracasos en materia de seguridad ha sido simular que el problema no existe. Insistir en que Hidalgo es ajeno a la presencia de grupos criminales puede funcionar en discursos oficiales, pero resulta ofensivo para quienes viven la realidad cotidiana. La percepción de inseguridad no es una sensación infundada: es la respuesta social a la ausencia del estado.
Tula es hoy un ejemplo incómodo de lo que ocurre cuando las autoridades municipales son rebasadas, cuando las policías carecen de capacidad real y cuando la impunidad se convierte en regla. Los homicidios, la violencia focalizada y el aumento de delitos patrimoniales no solo evidencian criminalidad, evidencian un Estado que llega tarde o, peor aún, que no llega.
Si en este 2026 se sigue negando que la seguridad es el talón de Aquiles de Hidalgo, el costo será mucho mayor. La violencia no irrumpe de golpe: se filtra, se asienta y se vuelve parte del paisaje. Eso es exactamente lo que está ocurriendo en zonas donde hoy ya no sorprende escuchar balazos ni ver operativos que no dejan resultados claros.
En el ámbito económico, el discurso también merece cuestionamiento. Sí, hay crecimiento. Pero también hay exclusión. Las cifras macro no tapan la realidad de regiones enteras que siguen sin oportunidades ni la frustración de miles de jóvenes que no encuentran empleo digno. Esa combinación de precariedad, desigualdad y ausencia de futuro es el caldo de cultivo perfecto para la violencia que hoy preocupa.
El desarrollo social, por su parte, ha sido administrado con tibieza. Programas sin evaluación, políticas dispersas y una visión asistencialista han impedido romper las brechas históricas. En muchas comunidades, el estado sigue siendo una presencia lejana, cuando no inexistente.
Hidalgo está a tiempo, pero ya no tiene margen para la autocomplacencia. Seguir administrando la crisis, maquillando cifras o confiando en que el problema se contendrá solo es apostar a que la realidad no cobre factura. Y la realidad siempre cobra.
En 2026, el dilema es tan simple como incómodo: o se enfrenta de frente el deterioro de la seguridad y la desigualdad, o se acepta que la violencia se convierta en parte del paisaje cotidiano. No hay tercera vía.
Porque cuando un Estado prefiere proteger su narrativa antes que a su gente, el futuro deja de ser una promesa y se convierte en una advertencia.
Hidalgo, hoy, ya está siendo advertido.
Autor: Alberto Ángeles
Conductor de SUMA Noticias
