Geopolítica de las resistencias | Venezuela: claves geopolíticas de la intervención


Redacción
2026-01-08 11:09

Venezuela enfrenta riesgos de intervenciones selectivas, presiones económicas y soberanías cada vez más condicionadas.

Venezuela se convierte en un punto clave de la geopolítica internacional por sus enormes reservas de petróleo, gas y su posición estratégica en el Caribe

Venezuela ocupa hoy el centro de la agenda internacional no solo por razones ideológicas, sino por razones estrictamente geopolíticas. El país concentra las mayores reservas probadas de petróleo del mundo, posee cerca del 73% del gas natural de Sudamérica y mantiene una posición estratégica en el Caribe que conecta flujos energéticos, rutas comerciales y equilibrios de seguridad hemisférica. En este contexto, la disputa por Venezuela no es por su régimen político, sino por el control de recursos y territorios estratégicos.

Las sanciones, presiones diplomáticas y escenarios de intervención deben leerse como parte de una lógica de reordenamiento geopolítico internacional. Estados Unidos busca preservar la arquitectura energética y financiera que sostiene su hegemonía, particularmente el papel del dólar en el comercio petrolero, al tiempo que bloquea la presencia de actores extrahemisféricos como China, Rusia e Irán, que han consolidado inversiones en infraestructura, energía y logística venezolana. De fondo ese es el mensaje que se envía con la captura de Nicolás Maduro. 

La crisis venezolana produce efectos directos más allá de sus fronteras. En Colombia, el deterioro del control territorial y la economía venezolana ha fortalecido economías ilícitas transfronterizas, incrementando presiones de seguridad y justificando una mayor presencia estadounidense bajo esquemas de cooperación. El riesgo es la intervención estadounidense abierta, además de la profundización de una dependencia estratégica que reduce márgenes de autonomía.

En Cuba, el impacto es estructural. La alianza histórica con Venezuela garantizó energía, financiamiento y aseguró condiciones de mediana estabilidad económica. El colapso venezolano, o transición acotada, debilita severamente al gobierno cubano, incrementa la presión económica interna y abre escenarios de desestabilización política. Aquí, se aplicará una estrategia geopolítica de asfixia, sin recursos este país es insostenible en el corto plazo.

Para México, el escenario es aún más sensible. México es un nodo central del del tablero geopolítico regional: frontera con Estados Unidos, corredor migratorio, plataforma manufacturera y actor energético relevante. La normalización de intervenciones selectivas en la región convierte a México en un caso de alto interés. Si el control coercitivo fue posible en Venezuela, el mensaje implícito es claro: ningún país está fuera del alcance cuando se trata de seguridad, energía o cadenas de suministro. No es descabellado pensar en la detención de figuras políticas o empresariales mexicanas vinculadas al crimen organizado, seremos testigos de capturas al estilo Venezuela. Al tiempo. 

La disputa por Venezuela anticipa una etapa de soberanías condicionadas en América Latina. No se trata de invasiones clásicas, sino de control por capas: sanciones, presión financiera, condicionamiento comercial y securitización del discurso. El resultado es una región más disciplinada, menos autónoma y con menores márgenes de decisión estratégica.

Lo ocurrido en Venezuela expresa un fenómeno inédito en la historia contemporánea: la consolidación de un Estado hegemónico que se asume abiertamente como policía del mundo, no desde el consenso multilateral, sino desde una lógica de control hemisférico coyuntural, sin abandonar sus prioridades en cualquier punto del planeta. Estados Unidos ya no interviene solo para expandirse territorialmente, sino para custodiar su zona de influencia, garantizar el acceso a recursos críticos y evitar la emergencia de competidores sistémicos en su entorno inmediato.  Parece que se está anunciando la muerte del derecho internacional.

Este proceso se inserta en un reacomodo mayor del sistema internacional. El nuevo orden no será unipolar ni plenamente multipolar, sino triádico. Estados Unidos, Rusia y China configuran un eje de poder que redefine esferas de influencia, rutas comerciales, arquitectura petrofinanciera y equilibrios militares. No se trata de una guerra abierta entre potencias hegemónicas, sino de una repartición funcional del mundo, donde cada actor consolida regiones estratégicas bajo su tutela. América Latina, y Venezuela en particular, se convierten así en espacios de disputa, donde la soberanía se negocia, se condiciona o se erosiona según el interés hegemónico que se atienda.

Venezuela, en suma, no es un caso aislado. Es el laboratorio donde se ensaya el nuevo orden internacional y, al mismo tiempo, el terreno donde se medirán los límites reales de las resistencias geopolíticas en el siglo XXI. En el plano de las resistencias, las contrahegemónicas también estarán a prueba. 

 

Autor: Caballero de la geopolítica, Mario Cruz Cruz
Profesor investigador del ICEA-UAEH



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