Nuevas rutas de la violencia infantil
Redacción
2025-11-20 12:06
La violencia infantil sigue creciendo y ahora encuentra nuevas rutas en los entornos digitales
Según datos del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia UNICEF “la violencia contra la infancia –ya sea física, emocional o sexual– constituye una crisis mundial que se produce en los hogares, las escuelas, las comunidades y en internet”, desafortunadamente los efectos son más que graves y provocan daños irreversibles.
Cada 19 de noviembre se conmemora el Día Internacional de la Prevención del Abuso contra las Niñas, Niños y Adolescentes, como parte de una iniciativa global impulsada desde el año 2000 por la Fundación Cumbre Mundial de la Mujer (WWSF). Y, esta fecha, más que un recordatorio sobre las responsabilidades y compromisos que tenemos con la infancia, también es un mensaje que comunica que la niñez está en un lugar vulnerable de la escala social.
Es un mensaje que indica que el abuso de poder en muchos escenarios los coloca en un lugar donde los menores pueden ser controlados, donde sus palabras pueden ser silenciadas y donde sus emociones, en infinitas ocasiones son menos importantes que una autoridad adulta. El mensaje también nos habla de cifras graves, es también un mensaje ruidoso que crece gracias a los entornos digitales.
En Hidalgo, los números nos muestran que esta realidad no es lejana, se han documentado casos de violencia sexual donde niñas, niños y adolescentes han tenido que ser atendidos en hospitales. Conforme a estadísticas de delitos en el periodo 2019-2022, en Hidalgo, el delito de “violencia familiar” figura como el de mayor recurrencia en varios municipios, alcanzando porcentajes del 19-24 % respecto del total de incidencias, según información pública de la Procuraduría estatal.
La violencia infantil ya no se queda en cuatro paredes, puede viralizarse en segundos, los entornos digitales abren la puerta a la burla en la escuela que ahora se convierte en memes; el abuso se registra y circula; la coerción, la extorsión y la explotación encuentran nuevas rutas en la multiplicidad de la web. La intimidad de la infancia se convierte en contenido. Y muchos adultos participan de esa exposición, a veces sin conciencia del daño, en la búsqueda de likes o reconocimiento.
La problemática se vuelve todavía más evidente, con simples publicaciones donde participamos sin querer sexualizamos a las niñas desde edades tempranas y se las enseña a verse a sí mismas como objeto de mirada. A los niños se les exige demostrar fuerza y agresividad para verse identificados con patrones ajenos que terminan en el castigo y la crueldad del anonimato del mismo entorno digital, refuerzan jerarquías y desigualdades que atraviesan nuestro contextos cercanos y realidades cotidianas.
La violencia infantil es una problemática estructural, incluso, de orden comunicativo, todos los días transmitimos mensajes que normalizan el castigo, que justifican el miedo, que ridiculizan la vulnerabilidad y cuando un acto violento se convierte en entretenimiento, cuando la humillación se disfraza de broma, la sociedad entera pierde sensibilidad y con la facilidad de transmisión de contenidos, multiplicamos las posibilidades de potencializar la problemática.
Así que, como sociedad, nos queda enseñar a escuchar y respetar a la infancia, offline y online, incluso, cuestionar las narrativas que sostienen el poder adulto y el mandato patriarcal, debemos aprender a proteger su imagen como protegemos su integridad física y debemos aprender a dejar de romantizar la violencia como método educativo o como contenido viral. Sugiero ver el cortometraje “Dime” de Samuel Miró, una historia desgarradora que nos habla de cómo un abuso sexual a manos de un familiar cercano cambia de manea abrumadora la vida de un niño.
Es responsabilidad de todos erradicar la violencia infantil pues implica reconocer algo simple pero profundamente transformador: niñas, niños y adolescentes son sujetos de derechos y de palabras, también en internet, todos y ellos necesitan ser vistos, no exhibidos, necesitan ser escuchados, no controlados, necesitan un mundo real y virtual que los cuide, no que los consuma.
Autora: Sandra Flores Guevara
Profesora investigadora del área académica de comunicación UAEH
