Documentan fotógrafos invitados al FINI abuso sexual infantil y cruce de fronteras marítimas


Dirección de Comunicación Social, 30/Abril/2018

Boletín Electrónico Informativo 237


Pachuca de Soto, Hidalgo.- La obra del fotógrafo italo-inglés Mathieu Willcocks, que documenta el tráfico de personas que cruzan fronteras en el mar mediterráneo en busca de supervivencia, y la obra de la fotógrafa suizo-libanesa Mariella Furrer, que evidencia el abuso sexual infantil durante 12 años en Sudáfrica, se presentaron en el Instituto de Artes (IDA) de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo (UAEH), como parte del VIII Festival Internacional de la Imagen (FINI) el cual se desarrolla del 26 de abril al 4 de mayo y este año tiene como tema central el tema Fronteras.

 

Ante estudiantes del IDA, el fotógrafo italo-inglés Mathieu Willcocks expuso su trabajo fotográfico el cual documenta los rescates en aguas internacionales del mar mediterráneo que hacen diferentes Organizaciones No Gubernamentales (ONGs) a personas que huyen de la guerra y la represión en Libia, Nigeria y otros países.

 

El fotógrafo mostró imágenes de botes y barcos de pesca donde más de 160 personas deambulan en aguas internacionales esperando ser rescatados, pero muchos mueren antes de eso. “Encontrábamos botes con más de 160 personas, algunos lloraban o rezaban. Se dan cuenta de que si alguien no les ayuda, no hubieran sobrevivido sin agua, sin comida y sin combustible así que cuando los rescatas ellos entienden lo que pasó y toman conciencia de ello. Son muchas emociones muy fuertes”, manifestó el artista.

 

En ese contexto, afirmó que en aquellos casos en que se juega la vida y la muerte, no se puede dudar en ayudar, y es necesario dejar de lado la cámara fotográfica. De acuerdo con el fotógrafo, 90% de los rescates fueron perfectos. Una de las fotografías tomadas por Mathieu muestra un rescate de más de 39 mil personas.

 

“Las personas buscan escapar de Libia entrando al pánico en altamar, aun cuando no entienden que en Italia también les tomará mucho tiempo obtener papeles y trabajar. Sin embargo, algunos son deportados. La burocracia italiana es muy complicada, son deportados porque realmente no son refugiados. Hay pocos países donde Italia tiene acuerdos para llevarlos de regreso pero la mayoría no tiene papeles ni pasaporte. Muchas veces las deportaciones tardan años en realizarse. Por eso hay mucho tráfico de personas”, explicó.

 

Al charlar sobre su trabajo con los estudiantes, mencionó: “Para mí fue una gran experiencia este tipo de rescate. Valía mucho la pena, era algo que se necesitaba hacer. La mayoría de los rescates resultan bien y desembarcamos casi a 40 mil personas en Italia. Es muy difícil, tienes malos días, ya no quieres estar apuntando la cámara a la cara de alguien que está de luto. Estoy ahí cuando nadie quiere que este ahí. Pero nadie me dijo que no quería que tomara fotos. Estaban abiertos a contar sus historias porque sabían que era para documentar ese suceso”.

 

Por su parte, la fotógrafa suizo-libanesa Mariella Furrer ha cubierto África, particularmente Kenia y Sudáfrica, donde documentó el abuso sexual infantil durante 12 años de su vida. Las imágenes captadas por Furrer son en gran parte de los centros a los que llegan los niños después de que reportan que fueron abusados.

 

Durante ese periodo de 12 años, la artista no pudo mostrar las imágenes de los niños ni de sus parientes, pues debían permanecer en el anonimato. “La calidad de la fotografía no era importante para mí sino contar la historia”, comentó.

 

Tras mostrar una serie de fotografías que hacen patente el sufrimiento, traumatismo y estrago en los infantes que fueron abusados, reflexionó acerca de la importancia de documentar esta realidad. “Nuestro trabajo es poder crear esta conciencia para que el mundo actúe. Todo mundo hemos sido criticados por el trabajo que hacemos, no se nos paga adecuadamente, no tenemos seguro de vida, no tenemos nada”, expresó.

 

La pionera en documental genocidio en República de Ruanda igualmente mostró imágenes de esta nación donde las personas huyen de la guerra y al mismo tiempo visibiliza las consecuencias del virus del ébola y otras enfermedades. Mariella Furrer consideró que las imágenes son importantes para contar la historia del genocidio en ese país, sin embargo, reconoció que algunas fotografías son difíciles de ver porque son muy fuertes.

 

En Ruanda las ONG auxiliaba junto con las ONGs a los que todavía estuvieran vivos para ser atendidos y salvados; en ese sentido habló de la ética del fotoperiodismo, la cual impone una línea muy estricta que no se debe cruzar. “Cuando yo inicié los fotógrafos no hacían nada porque decían que su trabajo era ese solamente pero en los lugares que podía ayudar dejaba la cámara a un lado. Si hay una vida que podamos salvar, es muy importante en vez de que podamos tomar una fotografía".

 

La directora del FINI, Lorena Campbell, consideró que la experiencia de esta reportera es muy valiosa para el festival pues muestra cómo el ser humano puede romper con todo tipo de frontera y los límites absolutos, por la falta de respeto a los derechos humanos, y es a través de la fotografía que se crea esta reflexión y una toma de conciencia.


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