Plantea experto de la UAEH retomar la agroforestería para frenar crisis ambiental


Dirección de Comunicación Social, 26/Julio/2026

Boletín Informativo UAEH No.248


*Sistemas tradicionales como el metepantle demuestran la viabilidad de combinar agricultura y conservación

*Alfonso Suárez Islas, académico del ICAp, exhorta a la población a consumir productos locales para mitigar el impacto ecológico

Tulancingo de Bravo, Hidalgo. – La agroforestería es una de las formas más antiguas, económicas y amigables de trabajar la tierra, pues combina especies forestales con siembras y crianza de animales, señaló Alfonso Suárez Islas, profesor investigador del Área Académica de Ciencias Agrícolas y Forestales del Instituto de Ciencias Agropecuarias (ICAp) de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo (UAEH).

El especialista detalló que, desde las chinampas aztecas hasta la agricultura migratoria —basada en el aprovechamiento de la selva o el bosque para nutrir parcelas fértiles—, el campesinado mexicano sabía que el maíz crece mejor cuando convive con vegetación diversa, principalmente el frijol, la calabaza y distintos árboles. Gracias a este saber milenario, se logró la domesticación del tomate y de múltiples variedades de chiles.

Con la colonización, explicó, se incorporaron cultivos como el trigo y la cebada, además de huertos frutales de clima templado. Asimismo, la introducción de rumiantes como vacas, cabras y borregos dio origen al sistema silvopastoril, una técnica que integra de forma armónica los pastizales, el ganado y las zonas arboladas.

El docente del ICAp indicó que, aunque la agricultura intensiva de monocultivos ganó terreno ante la necesidad de abastecer de alimentos a poblaciones masivas, el policultivo resistió el paso del tiempo. Muestra de ello es el metepantle, técnica vigente que consiste en sembrar hileras de maguey entre las milpas para conservar la humedad y prevenir la erosión del suelo.

Este modelo de coexistencia también sobrevive en los cafetales, donde el grano madura bajo la sombra de cítricos, plátanos, cedros o de jinicuil, los cuales fijan el nitrógeno en la tierra y proveen leña. De igual manera, destaca la plantación de especies como el cocuite o la chaca para crear "cercas vivas" sostenibles que delimitan predios, rompen las corrientes de viento y preservan la biodiversidad regional.

Ante la relevancia de estas alternativas, el científico universitario concluyó con un llamado a la conciencia: “Invito al público a indagar sobre el origen de sus alimentos y a optar por aquellos producidos mediante prácticas que conserven la flora, la fauna y las tradiciones. Consumir productos locales es elegir opciones más naturales frente a las que ofrecen los grandes supermercados; la humanidad enfrenta problemas severos que nosotros mismos hemos creado, y nuestras decisiones de compra son clave para solucionarlos”.


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