Revista Gaceta UAEH

¿Quién puede decir la verdad?


Por Greydi Naranjo Terrazas1


¿Quién puede decir la verdad?

La política mexicana contemporánea no se define solo por la disputa del poder institucional ni a los procesos electorales, sino que se puede manifestar de manera central en el control del discurso público, es decir, qué puede decirse, quién lo puede decir, y bajo qué condiciones un discurso es considerado legítimo, desde un análisis foucaultiano permite comprender cómo los procesos de exclusión del discurso siguen operando, aunque de forma más sutil y sofisticada.

Los procesos de exclusión son el conjunto de mecanismos sociales, políticos e institucionales que regulan la producción, circulación y validez de los discursos dentro de una sociedad, estos sistemas no solo buscan censurar, sino ordenar a través de límites entre lo aceptable y lo inaceptable, lo verdadero y lo falso, “en toda sociedad la producción del discurso está a la vez controlada, seleccionada y redistribuida por un cierto número de procedimientos que tienen por función conjurar los poderes y peligros” (Foucault, 2011, p. 5).



La prohibición como mecanismo de exclusión en la política



En el ámbito político no todo puede decirse, ni tampoco puede ser dicho por cualquiera, para el caso mexicano como en gran parte de la política internacional aún existen “tabúes”, temas de los que no se puede hablar por su contenido, aunque si bien es cierto existe libertad de expresión formal, hay temas que pueden generar sanción política o recriminación social como lo puede ser la militarización de la seguridad pública, críticas a megaproyectos, vínculos entre actores políticos con el crimen organizado, etc.



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Los tabúes no eliminan el discurso pero si lo deslegitiman, inclusive quienes suelen cuestionar los temas incómodos son etiquetados de “traidores”, “conservadores”, “desinformadores”, “enemigos del pueblo”, es por esto que el discurso político está regulado por espacios y formas, como lo son las conferencias de prensa que ayudan a fijar una agenda, debates con reglas específicas, medios de comunicación que pudieran marcar narrativas a modo, entre otros, estas características son llamadas por Foucault rituales del discurso.

En la política ¿Quién puede decir la verdad?, no cualquiera puede decir la verdad política, existen “sujetos autorizados”, funcionarios expertos afines al control y conocimiento de la situación actual, académicos o periodistas con capital simbólico reconocido, inclusive activistas siempre y cuando su discurso no confronte directamente al poder, “nadie entrará en el orden del discurso si no satisface ciertas exigencias o si no está, de entrada, calificado para hacerlo” (Foucault, 2011, p. 23).



La separación entre la razón y la locura en el contexto político



Michel Foucault menciona que un discurso excluido no desaparece, pero se vuelve marginal, es decir, cuando una madre buscadora es acusada indirectamente de politizar el dolor, cuando las comunidades indígenas son tratadas como incapaces de comprender el desarrollo, cuando las críticas son desacreditadas por no coincidir con la narrativa oficial, nos refleja que el discurso sí circula, pero su valor queda condicionado por las instituciones, expertos reconocidos o marcos oficiales de interpretación.

Es importante entender que cuando se refiere a la locura no es en un sentido clínico, sino es analizada como una descalificación simbólica, algunas formas de entender esto es cuando a los opositores se les etiqueta de irracionales, alarmistas o manipuladores, cuando los movimientos sociales son reducidos a “intereses ocultos” o “extremistas”, que buscan reproducir desinformación o exageración, todo esto son formas actuales de generar exclusión.



La voluntad de verdad en la política mexicana



Este es el mecanismo más profundo y eficaz de los tres, en México, la voluntad de verdad se manifiesta en la producción oficial del sentido común político, ¿Quién define lo verdadero?, el Estado y sus instituciones definen qué es la corrupción y quienes la encarnan, los informes técnicos y jurídicos establecen que proyectos son necesarios para la población, y las estadísticas oficiales determinan qué datos cuentan como evidencia válida.



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En contraparte, los discursos alternativos como lo pueden ser los artículos académicos críticos, los datos e informes de las ONG´s, organismos internacionales, suelen ser también desacreditados por tener información parcial, con una carga ideológica o por el simple hecho de ser externos y estar ajenos a la realidad nacional, así la verdad no se impone por la fuerza, sino por instituciones que legitimen y excluyan cierta información.

El análisis de la política mexicana desde los sistemas de exclusión del discurso de Michel Foucault muestra que el poder se ejerce no solo a través de las instituciones, sino mediante la regulación de lo que puede decirse y considerarse verdadero. En este sentido, la disputa política en México también es una disputa por el control del discurso y por la definición legítima de la realidad social.



Referencia Bibliográfica



Foucault, M. (2011). El orden del discurso. Buenos Aires: Tusquets Editores. https://www.ses.unam.mx/docencia/2018I/Foucault2011_ElOrdenDelDiscurso.pdf


1Alumno de la Licenciatura en Ciencia Política y Administración Pública del Instituto de Ciencias Sociales y Humanidades