¿Qué significa pertenecer a la niñez en México?
Por Ciro Bladimir Tapia Mendoza1
Fotografía: Gemini
En cualquier parte del mundo el destino de una persona se decide antes de que una persona pueda opinar al respecto. Se decide a través del municipio donde nace, los ingresos familiares, su idioma, su acceso a servicios públicos básicos, en fin, condiciones socioeconómicas que no dependen de la persona, dependen de la base social a la que pertenecen. Ser parte de la niñez es quizá la parte más visible de esta experiencia. Tomar en cuenta la ruleta estructural en la que se define cuál será la formación y entorno de cualquier niño o niña.
Abril es el mes de la niñez en el calendario mexicano. Los parques se llenan de colores, de alegría, los festivales inundan el entorno, el discurso oficial se establece a partir de la narrativa del futuro del país y la necesidad de tomar en cuenta a la niñez en los asuntos públicos. Es un ritual que año con año sucede, y que persigue el discurso de celebrar la infancia en lo abstracto para evitar incidir en lo concreto, en el trasfondo. Mientras un niño está feliz, rodeado de un entorno integral y digno, hay, desgraciadamente, otro niño que tiene que salir de casa a trabajar, algo que categóricamente debe ser tomado en cuenta en la agenda pública.
La infancia es profundamente desigual en relación con la entidad en la que vive. Las infancias que viven en una ciudad con el acceso a una red de servicios básicos no es el mismo entorno de aquellos que viven en una comunidad marginada en donde no puede imaginarse tener al menos un servicio público básico. No es demeritar a los segundos, todos valen lo mismo. Es entender que el Estado ha construido históricamente su presencia diferenciada en los distintos entornos, sin importar que dentro de la formalidad existan acuerdos y Tratados Internacionales que regulan el entorno de la niñez.
Hay algo políticamente revelador en la narrativa del discurso sobre la niñez. Siempre se habla sobre ellos en futuro: la niñez será, la niñez logrará, la niñez representará. Los ponen dentro del futuro pero liberándose de sus necesidades presentes. Un entorno que trata a las infancias únicamente como promesas en lugar de sujeto de agenda inmediata no hace una apuesta por el mañana, posterga una deuda que vence con notoriedad.
El mes de la niñez debe ser una oportunidad para hacer lo contrario a lo que hacemos. Cuestionemos, hagamos preguntas como el total de las infancias que terminaron su primaria con un nivel adecuado de comprensión lectora, aquellas que accedieron a atención médica oportuna o cuántos accedieron a espacios libres de violencia, cuántos tuvieron una infancia integral. Incluso retrocediendo a nuestro entorno del pasado. Quiénes de nosotros vivimos una infancia con recuerdos amenos, y quienes, por indeterminada condición estructural no lo vivieron así.
Las respuestas a estas preguntas no estarán en una narrativa oficial, estarán en la construcción social de cada persona, de lo colectivo. Promovamos a las infancias del ahora una formación integral, tratando de exhortar por este espacio de diálogo, dirigir a estas nuevas generaciones a un presente más tranquilo. Que las infancias del presente no tengan tanta desigualdad estructural como la ha habido a través del tiempo.
En este mes de la niñez, abraza a un niño, una niña. Hazle saber lo valioso o valiosa que es. Nunca sabemos el impacto positivo que esto pueda tener.
Nos leemos pronto… Y nunca dejes de tener la ilusión de cuando niño, o niña.
1Alumno del noveno semestre de la Licenciatura en Ciencia Política y Administración Pública de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo ta400214@uaeh.edu.mx