Entre pigmento y veneno, el precio oculto del color
Por Alejandra Zamora Canales
Fotografía: Alejandra Zamora Canales
El descubrimiento del radio (Ra) en 1898 por Pierre y Marie Curie no solo revolucionó la ciencia, sino que evidenció los peligros ocultos de ciertos pigmentos utilizados a lo largo de la historia. En la década de 1920, la pintura luminiscente Undark, aplicada en relojes por trabajadoras de la United States Radium Corporation, mostró cómo un material brillante podía ser también letal al ingresar al cuerpo. Este caso, conocido como The Radium Girls, es solo uno entre muchos ejemplos de pigmentos tóxicos cuya composición química los hace mortales, al tiempo que revelan la estrecha relación entre color, belleza y riesgo en la historia de los materiales.
Toxicidad en la belleza
José Belisario Leyva Morales, profesor de tiempo completo en el Área Académica de Química en el Instituto de Ciencias Básicas e Ingeniería (ICBI), menciona que la mayoría de los pigmentos mortíferos de la historia fueron creados artificialmente utilizando compuestos que dañan la salud humana y el medio ambiente, pero cuyas propiedades permitían generar colores intensos, brillantes y duraderos.
José Belisario Leyva Morales, profesor de tiempo completo en el Área Académica de Química en el Instituto de Ciencias Básicas e Ingeniería
Algunos ejemplos son el verde de París o verde Scheele (acetoarsenito de cobre) que fue ampliamente utilizado en cubiertas de libros, vestidos, tapicerías y pinturas durante los siglos XVIII y XIX. El arsénico daña las células y está ligado a enfermedades cardíacas, así como a casos de cáncer, calambres, convulsiones, delirios, alteraciones mentales, por mencionar algunos efectos.
El plomo lo hacía ideal para pinturas blancas, el arsénico y el cobre forman pigmentos verdes brillantes, el cromo produce colores intensos de amarrillos y naranjas
Mientras que el blanco de plomo, cerusa, blanco de plata o albayalde fue apreciado, desde el siglo IV a.C. hasta su prohibición en los años setenta; por su excelente capacidad de cobertura y un brillo perlado. Los artistas solían moler un bloque de plomo para obtener el pigmento, sin embargo, la exposición prolongada durante la fabricación provoca envenenamiento, conocido como cólico del pintor, el que generaba parálisis, tos, presión arterial entre otras enfermedades.
El amarillo cromo (cromato de plomo), empleado por su brillante tonalidad en pinturas como Los girasoles de Vicente Van Gogh, contiene dos metales pesados de alta toxicidad en su composición. Por su parte, tanto el amarillo uranio como el oxido de uranio eran empleado en piezas de cerámica y objetos de cristal como lámparas o copas, a pesar de sus niveles de radioactividad.
Reconociendo la letalidad del color
Leyva Morales enfatizó que la química de aquel tiempo estaba centrada en descubrir nuevos materiales que fueran útiles por sus propiedades, más que la comprensión completa de sus efectos sobre el ser humano o al ambiente, aunado a ello, tanto los procesos industriales y las regulaciones de sustancias de la época eran limitadas.
El reconocimiento de la toxicidad de estos pigmentos se dio de manera gradual, con ayuda de las observaciones de médicos y estudios científicos posteriores en los que se detectaron patrones epidemiológicos como síntomas de envenenamiento severo, daños neurológicos, problemas respiratorios, en algunos casos enfermedades crónicas como cáncer en pintores y artesanos, quienes manipulaban estas sustancias.
De esta manera se desarrollaron nuevas áreas del conocimiento como la química analítica, la toxicología y la epidemiología que determinaron la relación entre estas enfermedades y la exposición a metales pesados, asimismo se empezaron a buscar alternativas que sean más seguras, mejoren la estabilidad de los compuestos, tengan menor impacto ambiental y toxicidad, a la par que mantienen la tonalidad.
En la actualidad se diseñan pigmentos inorgánicos basados en óxidos de hierro y titanio, derivados de compuestos aromáticos complejos como el benceno; o se opta por la revalorización de materiales que son desechados durante los procesos industriales en lo que se conoce como química verde.
La química en busca de una solución
El docente Garza dio a conocer que en algunos casos se puede ayudar a mitigar la contaminación de estas sustancias tóxicas en el medio ambiente y a nivel biológico, mediante el encapsulamiento o estabilización química para evitar que se dispersen, o bien emplear materiales absorbentes como el carbón activado para retenerlos.
En esta materia, Leyva Morales junto a estudiantes de la Licenciatura en Química de la UAEH, sintetizaron óxido de zinc a partir de extractos de hoja de pirul para crear nanopartículas, las cuales se aplican en la degradación de colorantes alimenticios que recientemente fueron prohibidos por la Administración de Alimentos y Medicamentos de EUA (FDA por sus siglas en inglés), en un proceso de biorremediación que permitiría incidir positivamente en la contaminación que se generar en la industria alimentaria por la falta de regulaciones más estrictas en el país.