Desde la escena: Benazir Jiménez y la danza como forma de reflexión
Por Miguel Rosales Tenorio
Fotografías: Archivo UAEH, Miguel Rosales Tenorio y Alejandra Zamora Canales
Para Gabriela Benazir Jiménez Marín, directora de la compañía de danza contemporánea de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo (UAEH), Luz Corpórea, el arte escénico es una herramienta para expresar ideas, cuestionar realidades y provocar reflexión. Por ello en esta edición de “Fuera del aula” aprovechamos la oportunidad para conocer más sobre ella.
Originaria de Huichapan, Hidalgo, su primer acercamiento con esta disciplina ocurrió cuando era niña, al asistir con su madre a una función de la compañía Barro Rojo en el Palacio de Bellas Artes. Aunque entonces no comprendía del todo lo que veía, aquella experiencia despertó su curiosidad por el movimiento escénico y dejó una impresión duradera que con el tiempo se transformó en vocación.
Comenzó a acercarse a la danza en centros culturales y fue durante su etapa universitaria cuando descubrió que podía estudiarse de manera profesional. A partir de entonces, entendió que la danza no solo era una práctica artística, sino también un proyecto de vida con múltiples posibilidades.
El cuerpo como herramienta narrativa
A lo largo de su trayectoria ha participado en obras que abordan problemáticas sociales. Una de ellas es Los Nadies, dirigida por Paco Durán, que reflexiona sobre la migración y las experiencias de quienes atraviesan procesos de desplazamiento en contextos marcados por la incertidumbre.
“La danza contemporánea no es solo una secuencia de pasos; es una herramienta para expresar, denunciar y reflexionar sobre lo que ocurre en la sociedad”, expresó.
Para la artista, este proyecto implicó investigar y acercarse a testimonios que le permitieron cuestionar muchas ideas sobre este fenómeno. Explica que, desde ciertas posiciones de privilegio, se cree comprender estas realidades, pero al profundizar se descubre una complejidad mucho mayor.
A partir de esa exploración, el trabajo corporal permite construir escenas que transmiten sensaciones como el cansancio, la incertidumbre o el miedo que enfrentan quienes migran durante su trayecto, generando empatía y reflexión en quienes observan la puesta en escena.
“Desde el cuerpo y el movimiento intentamos ponernos en el lugar de otras personas para entender sus historias”.
Arte que incomoda, arte que transforma
Desde su experiencia como artista y docente, señala que algunas propuestas escénicas pueden resultar incómodas cuando abordan temas complejos o sensibles; sin embargo, considera que esa incomodidad también abre espacios de reflexión y cuestionamiento sobre lo que ocurre en la sociedad.
Para ella, la danza abre un espacio de diálogo con quienes observan, ya que cada obra permite interpretar y reflexionar sobre distintas realidades que atraviesan a la sociedad, generando nuevas formas de comprender el entorno a través del lenguaje corporal.
“Si todas las personas tuviéramos mayor cercanía con el arte, quizá habría menos intolerancia y más apertura para entender a los demás”
Entre el escenario y la vida cotidiana
Además de su trabajo artístico, equilibra su vida profesional con su vida familiar. Durante los periodos de creación dedica gran parte de su tiempo al proceso escénico, pero cuando las actividades disminuyen disfruta regresar a casa y compartir con sus hijos, pues menciona lo difícil que es encontrar un equilibrio entre su vida profesional y familiar, por lo que destaca lo importante que es contar con una red de apoyo.