Revista Gaceta UAEH

Romper el tabú también es cuidar: hablar de sexualidad a infancias


Por Eva Becerril
Fotografía: Carlos Sánchez


Romper el tabú también es cuidar: hablar de sexualidad a infancias

En un contexto donde niñas, niños y adolescentes crecen rodeados de información fragmentada, silencios incómodos y mitos heredados, hablar de sexualidad en casa sigue siendo un reto para muchas familias. Sin embargo, especialistas coinciden en que el diálogo oportuno, claro y adecuado a cada etapa de la vida es una de las herramientas más eficaces para proteger a las infancias y prevenir abusos.

Hablar de sexualidad con niñas y niños no significa hablar de relaciones sexuales, implica, principalmente, hablar del cuerpo, del autocuidado, de los límites y del respeto. Al respecto, Andrómeda Ivette Valencia Ortiz, profesora investigadora del Instituto de Ciencias de la Salud (ICSa) de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo, menciona que desde el nacimiento, la sexualidad forma parte del desarrollo humano.

Sin embargo, señala que persiste la idea de que este tema debe evitarse durante la infancia, cuando en realidad la información adecuada a cada etapa es un factor protector que contribuye a prevenir situaciones de riesgo, como el abuso sexual.

En este proceso, las madres y padres de familia no están solos, pues las juventudes, especialmente hermanas y hermanos mayores, suelen convertirse en figuras de confianza que acompañan, escuchan y orientan a las infancias dentro del entorno familiar.



Conocer el cuerpo y nombrarlo


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Andrómeda Ivette Valencia Ortiz, profesora investigadora del ICSa.



Durante la primera infancia, de los cero a los cinco años, el objetivo principal es que niñas y niños conozcan su cuerpo. Así como se les enseña a identificar ojos, nariz o manos, también es importante que aprendan el nombre real de todas las partes del cuerpo, incluidas las genitales.

De acuerdo con la experta de la UAEH, cuando las infancias saben cómo se llama su cuerpo, pueden expresar si algo les duele, les incomoda o si alguien las tocó de manera inapropiada. Sustituir los nombres reales por apodos o diminutivos genera confusión y limita su capacidad de comunicación.

Entre los tres y cinco años se refuerza el establecimiento de límites. Las conversaciones se deben enfocar en explicar que nadie puede tocar las partes privadas sin permiso, incluso personas cercanas.

Aquí, las y los jóvenes pueden apoyar reforzando mensajes sencillos y claros, sin generar miedo ni culpa. Enseñar que se puede decir “no” y que siempre habrá alguien dispuesto a escuchar fortalece la seguridad emocional y el autocuidado.



Contacto adecuado e inadecuado


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En los primeros años de primaria, de los seis a los ocho años, las conversaciones sobre sexualidad se centran en la seguridad personal. Se habla del contacto físico adecuado e inadecuado, así como de la diferencia entre secretos buenos y secretos que generan incomodidad o confusión.

Escuchar sin juzgar es fundamental. Si una niña o un niño expresa que una situación le resulta incómoda, como un abrazo forzado, su sentir debe ser validado. En este punto, hermanas y hermanos mayores pueden convertirse en puentes de confianza.



Cambios corporales, respeto y privacidad


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En la etapa final de la primaria, de los nueve a los once años, comienzan los cambios físicos asociados a la pubertad. Algunas niñas pueden presentar su periodo menstrual desde los nueve años, mientras que otros cambios aparecen de forma gradual.

Hablar con naturalidad sobre estos procesos ayuda a que las infancias comprendan que cada persona crece a su propio ritmo, fomenta el respeto al propio cuerpo y al de los demás, y fortalece la noción de privacidad e intimidad.

A partir de esta edad, también cobra relevancia el uso seguro de internet, ya que muchas dudas pueden llevar a niñas y niños a contenidos que distorsionan la realidad. La orientación cercana y honesta de personas adultas y jóvenes reduce riesgos y evita la desinformación.



Adolescencia: información, emociones y acompañamiento


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Cuando niñas y niños llegan a la secundaria y preparatoria, la educación formal ya ha abordado aspectos básicos de la sexualidad. Sin embargo, las dudas se vuelven más específicas e incluyen temas emocionales como el enamoramiento, la atracción, la identidad y las preferencias.

En esta etapa, el diálogo abierto, sin burlas ni regaños, permite hablar también de métodos anticonceptivos y prevención, sin dejar de lado el respeto y la responsabilidad.



Romper el tabú también es prevenir


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La investigadora Andrómeda Valencia enfatiza que guardar silencio no protege a las infancias, por el contrario, la educación temprana en sexualidad es un factor clave de prevención del abuso sexual, ya que permite que niñas y niños identifiquen situaciones de riesgo y comprendan que el afecto no debe doler ni incomodar, incluso cuando proviene de alguien cercano.

Apunta que cuando estos temas se convierten en tabú, se fomenta la culpa, el miedo y el silencio, condiciones que favorecen que las violencias se oculten y se repitan. Hablar con claridad, respeto y sin castigos genera entornos seguros y de confianza.



¿Qué hacer si una situación ya ocurrió?


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La especialista advierte que no toda conducta exploratoria infantil es negativa, muchas forman parte del desarrollo. Sin embargo, es fundamental diferenciar estas conductas del abuso sexual, el cual implica una relación de poder, conocimiento y aprovechamiento de la vulnerabilidad de la infancia.

Si se detecta una situación de riesgo o abuso, no debe minimizarse ni justificarse. La prioridad es salvaguardar el interés superior del menor, lo que implica cuidar su integridad física y emocional, buscar atención médica, valoración psicológica y seguir los protocolos correspondientes.

Asimismo, subraya la importancia de romper el silencio, incluso cuando se trata de un agresor cercano. Convertir estas situaciones en “secretos familiares” perpetúa el riesgo para la víctima y para otras niñas y niños.



Juventudes como aliadas del cuidado infantil


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Las y los jóvenes no sustituyen a madres y padres, pero sí pueden ser aliados fundamentales en la protección de niñas y niños. Escuchar con atención, responder con honestidad, evitar burlas o regaños y, cuando sea necesario, canalizar a profesionales, forma parte de una crianza compartida y responsable.

Hablar de sexualidad desde la infancia es hablar de derechos, bienestar y prevención. Romper el tabú, informar con claridad y acompañar desde el respeto es una forma directa de proteger a las infancias y garantizar su derecho a crecer en entornos seguros.