Revista Gaceta UAEH

Luces, cuerpos y prejuicios


Por Isaac Darío Aguilar Ortega
Fotografía: Carlos Eduardo Cruz Hernández


Luces, cuerpos y prejuicios

A lo largo de la historia, la sexualidad femenina ha sido vigilada, regulada y narrada desde miradas ajenas, como si se tratara de algo que se puede controlar en lugar de ser una decisión propia. Las mujeres afrontan generación tras generación el derecho a vivir su cuerpo sin culpa ni castigo social, haciendo frente a discursos que exaltan la libertad solo cuando esta se ajusta a las normas morales tradicionales.

Afortunadamente, esta lucha por una identidad sexual autónoma encontró espacios de expresión, en los que mediante luces y cuerpos en movimiento se desafió abiertamente la hipocresía social. Bajo ese contexto, el cabaret se convirtió en un territorio simbólico donde la liberación sexual femenina evidenció a aquellos que observaban con morbo lo que condenaban públicamente.

En la edición de febrero de la Revista Gaceta UAEH, entrevistamos a Denisse Santillán González, estudiante de la Maestría en Historia en la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo (UAEH) para reflexionar sobre la figura de las mujeres del cabaret frente a la doble moral que imperaba y persiste hasta el día de hoy en la sociedad.



Del arte bohemio a la contradicción social



El cabaret surgió en Francia a finales del siglo XIX como un espectáculo de variedades literarias y artísticas que combinaba canto, poesía, actuación y sátira política, siendo así, un sitio en donde el humor y la crítica social convivían con la provocación estética. Lugares emblemáticos como Le Chat Noir y el Moulin Rouge marcaron el inicio de una tradición escénica en el que las mujeres adquirieron un papel central.

El baile del cancán, en donde las mujeres mostraban sus piernas y su ropa interior, se convirtió rápidamente en un acto que oscilaba entre la expresión artística y el escándalo moral. Sin embargo, se expandió por toda Europa y se consolidó como un modelo exitoso que retaba a todas luces las normas sociales de su tiempo.



Cabaret mexicano: entre la voluntad y el abuso



En México, el cabaret adquirió una dimensión particular en la década de 1940, cuando una ley prohibió la prostitución formal y provocó que muchas dinámicas ligadas al comercio sexual se trasladaran a estos espacios nocturnos. Esto convirtió al cabaret en un territorio ambiguo, en el que coexistían mujeres que ejercían su presencia escénica voluntariamente junto a otras que eran víctimas de explotación.

Durante varios años los cabarets se mantuvieron vigentes como parte del paisaje urbano y cultural del país. Pese a eso, con el paso del tiempo comenzaron a transformarse en lo que hoy se conoce como table dance, perdiendo en gran medida su carácter satírico y artístico, para centrarse exclusivamente en un espectáculo de exhibición corporal.



Desobediencia, el legado del cabaret



“La naturaleza del cabaret desde su concepción fue transgresora, era un desafío a las normas sociales y tenía el objetivo de burlarse de la moral social. Al final fue un punto de quiebre que represento una apertura sexual para las mujeres, donde más allá de mostrar el cuerpo, era una oportunidad de disfrutar el baile y poner identidad en cada espectáculo”, expresó Denisse Santillán.

No obstante, esta aparente liberación estuvo acompañada por una tensión inevitable, pues muchas de sus representaciones respondían a la satisfacción masculina y una lógica de consumo que convertía la autonomía en mercancía común, Aún así, el cabaret sentó un precedente histórico fundamental al abrir una grieta en el discurso tradicional de la sexualidad femenina, donde el placer paso de ser algo vergonzoso y oculto a una experiencia pública, un derecho disfrutable.

En ese sentido, las vedettes también encarnaron una feminidad visible y poderosa que rompió el modelo de silencio y recato impuesto a las mujeres. Su presencia en cine y televisión redefinió la manera en la que socialmente se percibía al cuerpo femenino, donde lejos de ser un producto de consumo, eran mujeres que se apropiaron de su imagen y su erotismo como una expresión identitaria.



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En México, lugares como el Waikiki en los años 40 marcaron la escena, funcionando como espacios sociales en los que se popularizo el mambo


Doble moral, un invitado incomodo



Aún cuando el cabaret marcó un punto de inflexión en la visibilización de la sexualidad femenina, no fue suficiente para modificar la percepción moral con la que se continuó juzgando a las mujeres. La aparente apertura convivió con una mirada conservadora que hasta el día de hoy estigmatiza el placer de la mujer con la culpa y la deshonra.

“Se valora y se exige la decencia en la mujer, pero por otro lado se desea su cuerpo y se quiere desnudar. Es doloroso que como mujeres nos enfrentemos a insultos solo por disfrutar nuestra sexualidad. Necesitamos educar desde el respeto, erradicar los principios machistas e impulsar leyes para frenar esta discriminación, pues se trata de un derecho que nos pertenece a todas”, indicó la estudiante Garza.

Frente a un legado inconcluso del cabaret, es indispensable promover acciones que resignifiquen la sexualidad femenina, fortalecer la educación sexual, desmontar los estereotipos que asocian la libertad sexual con la inmoralidad y abrir espacios de dialogo donde el cuerpo femenino se reconozca como parte esencial de la dignidad humana.

De este modo, podrá construirse una nueva mirada en la que las mujeres vivan su sexualidad de manera plena, sin culpa, sin censura, como una expresión legitima de autonomía, libertad y placer.



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