Henequén: fibra, historia y futuro sustentable para México
Por Otilio Arturo Acevedo Sandoval, profesor investigador del Área Académica de Química
Fotografía: Cortesía
El henequén (Agave fourcroydes Lem.) es mucho más que una planta del sureste mexicano: es un símbolo de identidad, trabajo y permanencia. Durante más de 100 años, especialmente en Yucatán, esta fibra conocida localmente como el “oro verde” contribuyó al sustento económico de la región, transformó el paisaje y dio forma a una cultura profundamente ligada a la tierra. Trajo riqueza, impulsó el desarrollo de tierras y pueblos, pero también se convirtió en un elemento que marcó la vida cotidiana, la arquitectura y la historia social del país.
Sin embargo, su producción disminuyó drásticamente a finales del siglo XX con el auge de las fibras sintéticas, hoy el henequén vive un renacimiento. En un mundo que busca alternativas ecológicas, tecnologías limpias y el rescate de saberes tradicionales, esta planta vuelve a cobrar fuerza como una oportunidad para México: un puente entre el pasado y el futuro, entre la innovación y la herencia cultural.
En tiempos de crisis climática, degradación de suelos y urgencia por promover modelos de producción responsables, el henequén emerge como un recurso estratégico. Su aprovechamiento integral —desde la fibra hasta su biomasa— abre caminos hacia una economía sustentable y resiliente, arraigada en la identidad territorial.
Domesticado por comunidades mayas desde tiempos ancestrales, fue durante siglos fuente de cuerdas, textiles e implementos agrícolas. Pero en el siglo XIX, cuando esta planta alcanzó un impacto sin precedentes. El auge henequenero (1850–1950) convirtió a Yucatán en uno de los mayores proveedores mundiales, con ella se movían barcos, se fortalecía la agricultura y se tejía parte del comercio global.
Este esplendor dejó un legado indeleble en las grandes haciendas, los ferrocarriles y los centros urbanos, pero también generó grandes desigualdades para las comunidades mayas trabajadoras. Con la llegada de las fibras sintéticas en los años setenta, el sistema colapsó, muchas haciendas cerraron y el henequén pareció quedar relegado a la memoria. Pero su legado cultural permaneció vivo en la arquitectura, las técnicas artesanales y las historias de identidad que aún distinguen a la región hoy en día.
El siglo XXI, ha devuelto al henequén a la conversación sobre el futuro sostenible de México. Su relevancia actual abarca tres aspectos:
a) Sustentabilidad y servicios ecosistémicos
El henequén es una planta resiliente, capaz de prosperar donde otros cultivos no pueden: en suelos pobres, en ambientes secos, sin la necesidad de un uso intensivo de agua. Su manejo contribuye a:
- prevenir la erosión,
- capturar carbono,
- restaurar suelos degradados,
- reducir emisiones,
- fomentar sistemas agroforestales sostenibles.
En un mercado que busca alternativas naturales a los polímeros sintéticos, el henequén se perfila como una fibra estratégica para la industria textil, automotriz y de biocompuestos.
b) Reactivación económica y desarrollo regional
Aunque su producción actual no alcanza la de su época dorada, en los últimos años, se han comenzado a ver signos de resurgimiento en los últimos años:
- crecimiento de cooperativas rurales,
- diversificación de productos,
- turismo cultural en haciendas restauradas,
- fortalecimiento de talleres artesanales con proyección internacional.
El henequén podría convertirse en parte de una palanca para el desarrollo local si las cadenas de valor están interrelacionadas, aprovechando el diseño, la agroindustria, el ecoturismo y la bioinnovación.
c) Contribución a la soberanía alimentaria
Aunque no es un cultivo alimentario, el henequén apoya la soberanía alimentaria indirectamente a través de:
- el apoyo a polinizadores que sostienen ecosistemas y producción apícola;
- usar biomasa procesada para forraje;
- ingresos para el desarrollo de economías rurales;
- el aprovechamiento integral del agave para bebidas, fermentados y productos artesanales.
Usos actuales de la fibra de henequén
Esta fibra se ha incorporado al diseño ecológico moderno, textiles de alta calidad, bolsas reutilizables, sombreros, accesorios, hamacas, tapetes o muebles se producen con ella. En el país y en el extranjero, su resistencia natural y belleza orgánica la convierten en una materia prima preciosa para los mercados nacionales e internacionales.
La fibra de henequén, en el área de la bioindustria y los biocompuestos, representa un material honorable y muy versátil que ahora se está explotando en diferentes campos. Hoy, este patrimonio vegetal no solo da vida a paneles biocompuestos para la industria automotriz y refuerza plásticos biodegradables, sino que también impulsa el desarrollo de materiales de construcción ecológicos, como paneles, láminas y aislantes, así como embalajes verdes y sostenibles en lugar de polímeros sintéticos.
En la agricultura y la industria, el henequén sigue siendo un aliado indispensable: sus fibras se transforman en cuerdas y sogas de alta resistencia, geotextiles que protegen y conservan los suelos, en redes para el control de la erosión y en un soporte fundamental para el tutoreo en horticultura. A la par, nuevas investigaciones revelan un futuro aún más prometedor, donde el henequén se proyecta como fuente para la producción de bioetanol y biogás, para la obtención de nanocelulosa, la fabricación de papel artesanal e industrial de gran durabilidad y la creación de fibras destinadas a la impresión 3D biodegradable. Todas estas actividades refuerzan su potencial para ser más útil para una economía circular que se basa en la tradición, la innovación y la sostenibilidad, trabajando hacia un futuro en armonía con el medio ambiente. Impacto cultural y social: identidad y patrimonio.
Impacto cultural y social: identidad y patrimonio
No es simplemente una fibra: es memoria viva, simboliza el trabajo comunitario, la artesanía, las habilidades ancestrales y el orgullo regional. Significa salvar historias, devolver la vida a los territorios y consolidar una identidad que se ha tejido durante generaciones.
Las haciendas restauradas se han convertido en espacios donde la identidad histórica y el turismo cultural se cruzan, creando empleos y preservando el patrimonio material e inmaterial de la región.
Aunque su renacimiento es todavía gradual, el rescate del henequén ya empieza a sentirse en la economía regional, como una brisa que anuncia un cambio profundo. Los productores están comenzando a recibir salarios más justos por su trabajo; los talleres artesanales, que alguna vez estuvieron al borde del silencio, vuelven a encender sus máquinas y sus historias; el turismo cultural encuentra, en cambio, una nueva motivación entre las haciendas de henequén para respetar el sustento del pueblo yucateco.
Mientras tanto, la agroindustria y el bioprocesamiento crean empleos que arraigan a las familias en sus comunidades, mientras que universidades, centros de investigación y cooperativas crean redes de colaboración que impulsan la innovación. Incluso la inversión privada empieza a mirar hacia los materiales sustentables como una apuesta segura para el futuro. El desafío, sin embargo, es crear cadenas de valor sólidas, justas y tecnológicamente avanzadas que no repitan los errores del pasado y prioricen a las comunidades rurales.
En un escenario mundial marcado por el cambio climático y la escasez de recursos no renovables, el henequén se perfila no solo como una alternativa, sino como un cultivo estratégico para la economía verde de México: una oportunidad para demostrar que el desarrollo puede ser sustentable, digno y profundamente enraizado en la identidad de nuestra tierra.
El henequén representa un cultivo emblemático en el marco de la sustentabilidad, ya que integra de manera equilibrada dimensiones ambientales, sociales y económicas. Desde la perspectiva ambiental, destaca por su baja huella hídrica, su capacidad de adaptarse a suelos marginales, su contribución al secuestro de carbono y su potencial para sustituir materiales derivados del petróleo.
En el ámbito social, el cultivo favorece el rescate de saberes tradicionales, fortalece la identidad cultural y genera empleos rurales permanentes que benefician a las comunidades locales. En el componente económico, impulsa la diversificación productiva, abre oportunidades en mercados internacionales y ofrece un amplio potencial para la innovación industrial. En conjunto, el henequén se consolida como un modelo de transición hacia bioeconomías regionales, articulando ciencia, tradición y viabilidad técnica.
El henequén es mucho más que una fibra: es una historia que sigue creciendo, representa la resiliencia de un pueblo que transforma la adversidad en oportunidad y que mira hacia el futuro sin perder sus raíces. En un contexto donde la sustentabilidad ya no es opcional, el henequén se alza como un camino posible y necesario: ecológico, económico y profundamente cultural.
Su resurgimiento puede convertirse en uno de los motores verdes del sureste mexicano, una fuente de innovación y un recordatorio de que el futuro sustentable de México también se encuentra en sus tradiciones, en su territorio y en la capacidad de su gente para transformar la naturaleza con respeto, ingenio y creatividad.
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