Revista Gaceta UAEH

Los cielos vistos desde Pachuca, siglo XIX


Por Martha Lorena Sánchez García
Fotografía: Especial y Archivo UAEH


Los cielos vistos desde Pachuca, siglo XIX

Este texto recoge relatos, voces y datos bibliográficos que dan cuenta de acontecimientos que merecen ser narrados en la vida universitaria.

Desde un modesto observatorio, adaptado de manera provisional en la azotea de lo que fue parte de la capilla de Nuestra Señora de Guadalupe en el siglo XVIII, se realizaron los primeros estudios sobre los cielos vistos desde Pachuca.

La narrativa se enriquece a partir de la inquietud ancestral de la humanidad por descubrir la bóveda celeste. Basta recordar que las culturas Maya y Teotihuacana, desarrollaron estudios sobre el movimiento de los astros y cometas, logrando una precisión que aún hoy asombra a la comunidad científica.

En 1725, en lo que ahora se conoce como Centro Cultural Universitario “La Garza” de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo (UAEH), la Orden Religiosa de San Juan de Dios construyó, en la ladera del macizo de San Cristóbal, un hospital y una capilla. Esta última incluía una nave, cúpula, linternilla y campanario; de estos elementos, los tres primeros aún se conservan, pero el campanario fue desmantelado en el último tercio del siglo XIX para dar paso a la edificación del Observatorio Meteorológico y Astronómico.



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Los datos históricos señalan que en 1869 el claustro hospitalario y su capilla fueron donados para la creación del Instituto Literario y Escuela de Artes y Oficios, antecedente más remoto de nuestra Universidad, ubicado en la ciudad del Pachuca del estado de Hidalgo.

Posteriormente, en 1877, durante el México Republicano, se decidió instalar la Red Meteorológica de la República, lo que llevó al naciente plantel a incorporarse a esta actividad científica. Ese mismo año, las autoridades educativas designaron al joven estudiante originario de Jacala, Atilano García para llevar el registro de los acontecimientos atmosféricos en la capital hidalguense.

También en 1877, el gobierno estatal ordenó desmantelar el campanario y, en su lugar, se construyó a lo largo de dos décadas un edificio con reminiscencia neogótica y mudéjar, el cual aún se conserva.



Durante más de 100 años de funcionamiento del Observatorio, se realizaron importantes estudios científicos.



Su primer director fue Nemorio Andrade, algunos personajes que lo sucedieron fueron Heberto Camacho, Arturo Elías y su hijo Elías. Los registros meteorológicos se reportaban inicialmente por telégrafo y, posteriormente vía telefónica o fax al Observatorio Meteorológico Central, localizado en aquel entonces en la planta alta del Castillo de Chapultepec en la Ciudad de México.



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El Periódico Oficial del Gobierno del Estado de Hidalgo da cuenta de diversos acontecimientos relacionados con el Observatorio, por ejemplo: Antonio Pérez Peñafiel, profesor del Instituto Científico y Literario (ICL), asistió a la Feria Mundial de París en 1899 para exponer “El estudio de triangulación geodésica” que incluía un cuadro completo de curvas meteorológicas de la capital hidalguense y sus alrededores. Asimismo, el historiador Teodomiro Manzano documento que en abril de 1901 se registró el día más caluroso en la entidad, llegando a marcar los 37.5 °C, también informó sobre una nevada ocurrida en Pachuca el 24 de enero de 1906, cuando el termómetro marcó por la mañana a la intemperie -6 °C y alcanzó los -10 °C por la noche.

Los encargados del Observatorio tenían que ascender más de 189 escalones cuatro veces al día para llegar a su lugar de trabajo. Nuestro Observatorio presenció y registro eclipses lunares y solares, movimientos celestes, lluvias de estrellas, caída de meteoritos evaluaciones de condiciones del tiempo, parámetros atmosféricos como presión atmosférica, temperatura del ambiente y la medición de la humedad relativa, así como la dirección y velocidad del viento y sismos.

Para conocer el Observatorio es necesario ascender por la emblemática escalinata frontal del añoso edificio de Abasolo y continuar hasta el Jardín “La Garza”. Al llegar a los muros de la antigua capilla, se descubre una escalera de caracol digna de admiración: una escalera helicoidal conformada por 50 escalones de cantera y 42 de madera de pino, que lo llevará al espacio del observatorio. Este sitio, recientemente remodelado, conserva la historia de más de 100 años de estudios científicos y permite al visitante contemplar una vista panorámica del antiguo Pachuca minero.



Conservemos este patrimonio cultural para seguir observando los cielos vistos desde Pachuca.


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