Caricias sinvergüenzas, íntimas y calladas
Por Nelly Téllez Islas
Fotografías: Miguel Rosales Tenorio y Carlos Alberto Martínez
En la intimidad del silencio existen prácticas que no se enseñan, no se hablan en público y se esconden tras una puerta cerrada. Son caricias privadas, gestos suaves o vigorosos, en los que el cuerpo se explora a sí mismo y aprende a satisfacerse. Son momentos personales que, muchas veces, se juzgan y se consideran tabú; pero en realidad, ayudan a construir una relación sana con el propio cuerpo.
La estimulación voluntaria de los genitales para obtener placer sexual es una conducta común que puede producir o no un orgasmo; sin embargo, el rechazo social a la masturbación tiene raíces históricas y biológicas que aún perduran en la actualidad.
Para abordar este tema desde una perspectiva científica y educativa, con el propósito de desmitificarlo y entender su impacto en la salud sexual, Javier Ruíz Guerra, docente del Área Académica de Medicina en el Instituto de Ciencias de la Salud (ICSa) de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo (UAEH), nos explicará el tema.
Javier Ruíz Guerra, docente del Área Académica de Medicina en la UAEH.
El estigma y la reclasificación médica
El especialista Garza señaló que la tradición judeocristiana asoció la masturbación con desobediencia y egoísmo, al considerarla una desviación del fin natural del semen. Esto surge a raíz de la historia de Onán, quien, a pesar de tener relaciones con la esposa de su difunto hermano para “darle” descendencia a este, derramó el semen en el suelo para no lograr la concepción. Con el tiempo, esa interpretación se generalizó y se convirtió en un estigma cultural que lo ve como algo negativo o inmoral.
En el campo médico, se clasificó como parafilia porque el autoplacer se apartaba de la finalidad reproductiva; sin embargo, desde finales del siglo XX, se modificó esa visión y ahora se considera como una expresión de la sexualidad, sin considerarla una patología, incluso se reconoce como parte de una vida sexual saludable que aporta diversos beneficios, como la reducción del estrés, la mejora del sueño y su uso para tratar problemas como la eyaculación precoz, mediante ejercicios de control y desensibilización.
¿A qué edad comienza la autoexploración?
Explicó que, aunque se suele creer que la masturbación es exclusiva de jóvenes y adultos, en la infancia, las y los niños exploran sus genitales, pero esto no implica que tengan deseo sexual para conseguir un orgasmo de forma consciente, sino que su cuerpo reacciona. Esto se convierte en abuso cuando es un adulto quien, deliberadamente, toca o estimula al menor para provocar estas sensaciones, aprovechándose de su incapacidad para comprender la situación.
Por esta razón, la educación sexual temprana es una estrategia clave para prevenir el abuso, que consiste en enseñarle a las y los menores de edad a identificar sus partes íntimas, entender que son privadas y que nadie debe tocarlas sin su permiso. Esto podría reducir los riesgos y ayuda a detectar señales de violencia sexual en etapas tempranas.
En el caso de la pubertad, cuando aparece el deseo y el pensamiento erótico, los toques íntimos y buscados suelen iniciarse por curiosidad, imitación o experimentación, pero justo en esta etapa pueden enfrentar mayor estigma social, sobre todo, porque la sociedad suele negar o reprimir la sexualidad en la adolescencia, generando culpa, vergüenza y aislamiento por conductas que son parte de su desarrollo.
Frases como “te van a salir pelos en la mano”, “serás infértil”, “perderás masa muscular”, “te dará una disfunción eréctil”, “no vas a crecer”, entre otras, son mitos sin base científica. No obstante, algunos estudios han sugerido que una mayor frecuencia de eyaculación podría asociarse a un menor riesgo de desarrollar cáncer de próstata.
Sin embargo, el docente Garza señaló que la masturbación sí puede generar un problema cuando se vuelve compulsiva, esto ocurre cuando interfiere con la vida diaria y la persona siente que no puede controlarla, al grado de descuidar sus responsabilidades o afectar sus relaciones. En estos casos, se recomienda una evaluación psicológica.
En conclusión, es fundamental ofrecer una educación sexual objetiva y basada en evidencia, para eliminar las culpas asociadas a creencias religiosas, pues esto ayudará a comprender la masturbación como un aspecto natural de la sexualidad que ayuda a reforzar el autocuidado, el respeto al propio cuerpo y los límites personales, con el fin de prevenir abusos.