El Banco de Hidalgo, 1902-1915
Por Carlos Alberto Carrillo Galicia, estudiante de la Maestría en Historia
Fotografía: especial
En 1896, durante el gobierno de Porfirio Diaz, el secretario de Hacienda, José Yves Limantour, propuso formar una comisión oficial para discutir una nueva reforma bancaria. Esta iniciativa, autorizada por el Congreso en 1896, pero declarada ley el 19 de marzo de 1897, pretendía, fundamentalmente, reducir el peso de los grandes bancos en el sistema financiero mexicano, sobre todo aquellos que se encontraban en la capital, como el Banco de Londres y México o el Banco Nacional de México, fundados en 1864 y 1885, respectivamente.
La Ley General de Instituciones de Crédito (1897), como se le llamó, otorgó la concesión para establecer tres tipos diferentes de instituciones bancarias: los bancos de asiento, los bancos refaccionarios y los bancos hipotecarios. Cada uno cumplía una función dentro del sistema bancario estatal. Los bancos de asiento, también conocidos como bancos de emisión, se especializaron en la producción de billetes y/o monedas, con la condición de que estas no pudieran circular más allá de su ámbito estatal, con el fin de no afectar a los grandes bancos de la capital. Los bancos refaccionarios, por otro lado, se especializaron en el financiamiento a mediano plazo de empresas agrícolas, ganaderas e industriales; mientras que los bancos hipotecarios se enfocaron en préstamos de largo plazo para bienes raíces y el sector inmobiliario.
Se crearon, en primera instancia, bajo concesión, únicamente once bancos; pero, con el transcurrir de los años, se formaron más de treinta. Como lo previó Limantour, para construir estos bancos estatales y dotarlos de capital, su inicio estuvo sujeto a dinámicas oligárquicas que atendieron a las características regionales de cada banco y a las transacciones comerciales más frecuentes de cada estado de la república. En ese sentido, los bancos cumplieron como instrumento de intermediación financiera, en donde clientes, comerciantes, depositantes e inversores tenían certeza de su dinero, y también como un espacio en el que los intereses políticos estatales se combinaron con los intereses económicos privados.
Fue dentro de ese contexto en el que se fundó el Banco de Hidalgo S.A., cuya concesión se efectuó el 28 de febrero de 1902, como banco de emisión. El secretario Limantour otorgó, en representación del Ejecutivo federal, la concesión a los señores Maquivar, Carlos Francisco de Landero, Manuel Araoz y J. Octavio Fernández, cuyo capital social, al fundarse, fue de $500,000 mil pesos. En la disposición se indicaron las siguientes normativas para la operación del Banco de Hidalgo: domicilio fijo en la ciudad de Pachuca en una construcción a cargo del arquitecto Ernesto Fuchs; la prohibición de establecer sucursales fuera del estado; el depósito de $50,000 mil pesos en bonos del 3% a la Tesorería General de la Federación, mismo que sería devuelto cuando el Banco de Hidalgo iniciara operaciones; el compromiso legal de entregar $3000 pesos año a dicha tesorería por gastos de intervención; que el consejo de administración y los empleados no pertenecieran al gobierno del estado; la prohibición de que se traspasara la concesión sin previa autorización de la Secretaría de Hacienda, y que la fecha del fin de la concesión sería de 25 años, contando a partir de 1897. Además, debía acatar la disposición general bancaria de que ningún banco estatal podía emitir una masa monetaria mayor a tres veces sus reservas en metálico.
Junto a su sucursal ubicada en Tulancingo, los miembros del consejo de administración, compuesto por Carlos F. Landero, Agustín Inurritegui, James Bennetts, José Calero, Rafael M. de Arozarena, Raúl Prieto, y Francisco de Landero, solicitaron a la American Bank Note Company (ABNC) que produjera los billetes, mismos que tuvieron una denominación inicial de $5, $10, $50, y $100 pesos. Sus imágenes correspondían a Juan C. Doria, primer gobernador, para los billetes de $10 y $100 pesos, y un monumento de Pachuca para el de $5 pesos; resaltaba, por otro lado, el retrato del conde de Regla, Don Pedro Romero de Terreros para los billetes de $50 pesos. En 1905, se solicitó la impresión de un nuevo billete de $500 pesos con el rostro de Miguel Hidalgo y Costilla, y en 1914 se añadió otro de $1 peso con la viñeta de mineros trabajando.
Sin embargo, el 16 de noviembre de 1915, después de que la Comisión Reguladora e Inspectora de Instituciones de Crédito evaluara al banco del estado de Hidalgo, se detectó una inconsistencia grave en su manejo financiero, pues la existencia de billetes dentro del banco, con un monto de $553,435, más el monto circulante de $1,629,164, excedía por $541,716 pesos la cantidad existente en metálico; por lo que se determinó que debía caducar su concesión, pasando a manos del Estado y, posteriormente, a la Comisión Liquidadora que pondría fin al Banco de Hidalgo S.A.