Revista Gaceta UAEH

No es “dejar hacer”, es “saber ser”. Acompañar en la sexualidad adolescente


Por Casandra Castelán Sánchez
Fotografía: Carlos Alberto Martínez Ramírez y Especiales


No es “dejar hacer”, es “saber ser”. Acompañar en la sexualidad adolescente

La adolescencia representa una etapa de transición y descubrimiento en la que la sexualidad emerge al ser un aspecto central del desarrollo de la identidad y de la forma en que los jóvenes se relacionan consigo mismos y con los demás. Comprender y acompañar este proceso de manera informada y respetuosa resulta fundamental para que construyan una vivencia sexual basada en el autocuidado, el placer y la responsabilidad.

Por ello, Yuritzi Mariana García Camacho, docente del área de Psicología en el Instituto de Ciencias de la Salud (ICSa) de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo (UAEH) enfatizó en la necesidad de superar los enfoques prohibitivos o alarmistas, pues plantea que el verdadero reto no radica en silenciar la sexualidad en la adolescencia, sino en transformar la mirada social hacia un enfoque de naturalidad derechos humanos y acompañamiento positivo.



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Yuritzi Mariana García Camacho, docente del Instituto de Ciencias de la Salud (ICSa) de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo (UAEH)


La autonomía progresiva y los derechos sexuales de los adolescentes



La docente definió la autonomía adolescente como un proceso gradual de construcción de la identidad y del desarrollo de capacidad para tomar decisiones informadas sobre el cuerpo y el proyecto de vida personal. Explicó que este proceso se caracteriza por una transición desde una socialización primaria centrada en la familia y los valores del hogar, hacia una socialización secundaria, en la cual el grupo de amigos y el entorno social más amplio adquiriere una influencia determinante.

En este contexto de mayor independencia y exploración, subrayó que las adolescencias cuentan con 14 derechos reproductivos reconocidos, entre ellos destacan: el derecho a decidir de forma libre, autónoma e informada sobre el propio cuerpo y la sexualidad; a ejercer y disfrutar una vida sexual plena y positiva; a manifestar públicamente sus afectos; recibir información científica, actualizada y laica, pero también acceder a servicios confidenciales de salud sexual y reproductiva.



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El rol familiar, de la supervisión al acompañamiento basado en confianza



La construcción de la autonomía en los adolescentes no significa falta de orientación adulta, sino un cambio necesario en la relación familiar. García Camacho explicó que, durante la infancia son esenciales los límites y la disciplina, en la adolescencia se necesita un modelo basado en el diálogo abierto y escucha atenta, donde los padres o tutores asuman el desafío de pasar de ser figuras de autoridad que impongan reglas y convertirse en guías que ofrezcan confianza y apoyo, respetando al mismo tiempo la privacidad del joven.

Parte importante de este acompañamiento consiste en facilitar el acceso a información confiable y a servicios de salud, incluyendo la orientación sobre métodos antifecundativos. La docente Garza aclaró que este enfoque no busca promover el inicio temprano de la actividad sexual, sino reconocer que podría darse y, por lo tanto, era crucial priorizar la prevención de riesgos asociados, tales como embarazos no deseados, infecciones de transmisión sexual o cualquier forma de violencia.



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La corresponsabilidad social, sistemas integrados de protección y educación



Garantizar un entorno seguro exige una acción coordinada que trascienda el espacio familiar, enfatizó que el Estado, a través de sus instituciones, tiene la responsabilidad de crear las condiciones necesarias para que se respeten plenamente los derechos de las y los jóvenes, pero también requiere de una articulación funcional entre los sistemas de salud y educación.

Los servicios de salud, por ejemplo, deben proporcionar una atención accesible, confidencial y libre de prejuicios. Por su parte, el sistema educativo debe asumir el compromiso de impartir una educación integral en la sexualidad, que incorporara no solo los aspectos biológicos, sino también los emocionales, sociales y éticos.



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De este modo, la construcción de una sexualidad adolescente autónoma y positiva se reveló como un objetivo alcanzable únicamente mediante la corresponsabilidad. García Camacho, promueve un cambio de perspectiva fundamental, es decir, a superar la visión de la sexualidad como un riesgo que debe controlarse, para reconocerla como una dimensión vital del desarrollo humano, sentando las bases para relaciones futuras más plenas, responsables y seguras.