Revista Gaceta UAEH

Vestir la realidad: cuando la elección no es completamente libre


Por Ciro Bladimir Tapia Mendoza1


Vestir la realidad: cuando la elección no es completamente libre

En la actualidad existe una importante apertura en la toma de decisiones colectivas: elegimos que comida nos gusta, como nos organizamos hasta quienes nos gobiernan. Estas elecciones suelen percibirse como normales o lógicas, sin embargo, este tipo de decisiones no siempre responden a lo que queremos, sino a las posibilidades que tenemos en un contexto determinado.

Nuestras elecciones se construyen a partir de categorías generales: gustos, hábitos, preferencias, aspiraciones, rechazos, incluso la forma de vestirnos no es la excepción. Aunque solemos pensar que elegimos nuestra ropa por las tendencias de las casas de moda mas reconocidas, lo cierto es que, en la mayoría de los casos, estas decisiones son respuesta a la posibilidad de cada persona. Un elemento clave que tomaremos como punto de referencia es la movilidad, ya que desde aquí se marcan distintas pautas.



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Una persona que debe trasladarse durante dos horas o más en transporte público no tendrá la misma “moda” o “estilo” que una persona que sale de casa y va directo a su coche; el trayecto impone exigencias, límites y estrategias distintas que, pese a su impacto cotidiano, han sido normalizadas e incluso excluidas del debate público.

Reflexionemos un poco al respecto. Quien se desplaza largas distancias se vestirá para moverse, poder sobrevivir al caos vial que en cualquier punto de la ciudad pueda surgir; no solo hay que verse bien, hay que sostenerse en el transporte, cargar con una bolsa o mochila donde quepa la comida, los útiles escolares o las herramientas del trabajo.

Imaginemos que en una situación hipotética existe un pronóstico de lluvias, la primera persona debe pensar en llevar paraguas, ropa impermeable e incluso llevar un calzado que evite la filtración de agua, para evitar correr el riesgo de enfermarse. Esto contrasta completamente con quienes se desplazan en condiciones más cómodas.



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Este tipo de contextos sirven como punto de partida para entender algo: no siempre salimos con la vestimenta de nuestro mayor agrado, salimos con la de nuestra realidad, del entorno que a diario cruzamos, vivimos, enfrentamos y sobrevivimos. A veces podremos ponernos el outfit que más nos gusta, otras veces más el que nos acomoda mejor para desplazarnos con rapidez a nuestro destino.

La vestimenta, entonces, no es solo moda, es la diferencia de estructuras sociales en las que se encuentra inmersa cada persona en su entorno, lo que conduce a desigualdades. La moda dentro del desarrollo urbano no es una tendencia que emana del lujo, es una forma de resistencia al entorno que en ocasiones puede mostrarse complicado.

Pero la vestimenta también es un acto político en el que se ve reflejado el espacio que habitamos, la movilidad que acostumbramos y el acceso a espacios de oportunidad. La ciudad, el tiempo, así como la forma de movernos se imprime en nuestro cuerpo día con día.

Te invito a reflexionar sobre lo que ahora, amiga o amigo, leíste: así la próxima vez, cuando elijas tu vestimenta para salir, recuerda que no solamente estás tomando una decisión desde una serie de posibilidades predeterminadas, también te estás adaptando al contexto y momento que te toca vivir.

¡Nos leemos pronto, feliz año 2026!



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1Alumno del noveno semestre de la Licenciatura en Ciencia Política y Administración Pública de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo, ta400214@uaeh.edu.mx