La administración pública entre la lógica administrativa y la adaptación pragmática
Por Dr. Israel Cruz Badillo 1
Fotografía: Freepik
La forma de la configuración de las funciones y de las responsabilidades institucionales de un Estado, por medio del gobierno, se realiza a partir de la creación de entidades gubernamentales como son las dependencias del gobierno central (Secretarías de Estado), las organizaciones descentralizadas y las desconcentradas, así como las delegaciones.
Esta reconfiguración es fundamental para la ejecución de actividades políticas y administrativas, siendo las segundas esenciales por ser la parte visible del gobierno; para ello se requiere de profesionistas en las distintas disciplinas científicas. En palabras de Aguilar (1982): “Esto da origen a una sociedad definida y determinada por los especialistas (científicos, técnicos, expertos), en concreto, por los intelectuales con posiciones principales ineludibles en la toma de decisiones, en la dirección, gestión y control de todo el proceso productivo general de la sociedad” (p. 105), con lo que se evitarían las deficiencias del sector público se facilita el proceso de “despolitización”. Es decir, restarles la dimensión política a las actividades.
En ese orden de ideas, los servidores públicos, denominación designada a las personas que desempeñan un empleo, cargo o comisión en la administración pública federal, estatal o municipal; se espera que este personal se rija a partir de una racionalidad administrativa, esto es; que sus decisiones y actuar sean previsibles, medibles y calculables para reducir la incertidumbre y tener la certeza de lo que sucederá. A este tipo de proceder, el sociólogo alemán Maximilian Carl Emil Weber denominó racionalidad instrumental.
La racionalidad administrativa o instrumental privilegia el uso de procedimientos, normas y técnicas que permiten cumplir con los objetivos de manera eficiente, dejando de lado consideraciones subjetivas o emocionales, es decir, quitarle la dimensión política. Sin embargo, en la práctica, este tipo de proceder se cruza con otro tipo de racionalidad denominada como discrecional o adaptativa. Esta se caracteriza, a diferencia de la racionalidad administrativa, por estar “estructurada dentro de las instituciones y regulada por normas sociales y organizacionales [...] no solo implica la aplicación de reglas [formales], sino también su interpretación [adaptación] según el contexto y la interacción con los ciudadanos” (Maynard-Moody y Portillo, 2018, pp. 43-47).
La racionalidad administrativa se orienta inevitablemente a su burocratización, ya que “se requieren justamente los actores del cálculo, los sujetos expertos del cálculo, los que realizan efectivamente el cálculo: el funcionario, la burocracia” (Aguilar, 1982, p. 46), lo cual resulta benéfico, pues así la burocracia administrativa se recorta y se destaca por sus capacidades técnicas. Sin embargo, en el trabajo cotidiano en las organizaciones gubernamentales, los servidores públicos, que atienden a la ciudadanía, se enfrentan a tensiones entre el cumplimiento de la normatividad (racionalidad administrativa) y las tareas funcionales (racionalidad pragmática).
La interpretación de las reglas formales, sumada a la discrecionalidad, facultad de una persona de tomar decisiones con base en su propio criterio o experiencia cuando las instituciones (leyes, normas, reglamentos) no establecen cómo proceder ante una determinada situación o contingencia, configura la racionalidad pragmática o adaptativa.
En conclusión, el exceso de normatividades, racionalidad administrativa, para el cumplimiento de las responsabilidades asignadas a los servidores públicos, conlleva inherentemente a incorporar la discrecionalidad en un contexto que indica cómo se deben realizar las funciones encomendadas.
Referencias bibliográficas
Aguilar, L, (1982). Política y Racionalidad Administrativa. Instituto Nacional de Administración Pública. pp. 37-50.
Maynard-Moody, S. & Portillo, S. (2018). Teoría de la burocracia a nivel de calle. En Dussauge, M., Cejudo, G. & Pardo, M. Las burocracias a nivel de calle: Una antología (pp. 41-84). Centro de Investigación y Docencia Económicas
1Doctor en Ciencias Sociales, Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo, línea de investigación en Gestión Administrativa y Desarrollo Municipal, badillo@uaeh.edu.mx