Nadie dijo que escribir fuera sencillo, mucho menos abrirse un espacio a costa de todo para concretar la publicación. El camino nunca es fácil, por eso cada página lleva consigo la fuerza de un trabajo monumental: de horas de escritura, de corrección, de enfrentar los acertijos editoriales, de toparse contra la frustración. Esto sólo puede revelar una cosa: la dedicación incansable por la escritura que Diana Ramírez Luna predica desde que abrió por primera vez una libreta para sentirse acompañada. Trayectoria de las esquirlas es una reunión de amigos, la justa celebración de más de una década de carrera literaria. Poesía y narrativa, las principales invitadas, dan testimonio de los días de querer cambiar el mundo y de las noches de insomnio al no saber si será posible. Para muchas estructuras de pensamiento místico y numerológico, una década es la medida exacta donde un ciclo nace, experimenta, madura y se completa, y es aquí que asistimos a la culminación de un hito que marca no sólo el fin de un ciclo, sino el prometedor comienzo de uno nuevo. Porque ¿qué es la literatura sino una constante fiesta que no acaba?