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H

acer un recorrido por la trayectoria de Ana Soler

(Sevilla, España, 1972), es toparse con una gran

diversidad expresiva y formal que ponen ante

nuestra mirada a una creadora visual que ha sabido tran-

sitar por muy diversas formas expresivas pero, sobre todo,

ha logrado estructurar un lenguaje que al paso de los años

ha creado un cuerpo de producción que la identifican y le

dan voz propia.

Su reciente serie

Tiempo expandido

es una importante

conjunción de experiencias previas ganadas a partir de

sus dinámicas expresivas, siempre fieles, de una u otra

manera, a las recurrentes preocupaciones respecto del

tema del espacio y su ocupación.

En sus impresiones digitales de esta serie, las líneas que

toman cuerpo literalmente escapan del soporte ahora

voluminizadas. Ver los papeles con las imágenes dentro

de los gabinetes con la clara referencia al mobiliario de

los grandes museos que exhibían en ellos documentos y

objetos pequeños, nos remiten de inmediato a la idea de

que ese tiempo expandido no sólo es aquel que nace con

el guiño de dar cuerpo a las líneas ahora trazadas con

elásticos, sino el que retrotrae las antiguas maneras del

dibujo arquitectónico de otros siglos.

Ese es el tiempo encerrado en cada una de las puntas

fijadas de las líneas, de los elásticos/líneas, de los elásti-

cos/elásticos como si arrancasen el tiempo a cada uno de

los espacios virtuales llevándolo a donde ya no podremos

verle más.

Las continuaciones de las aristas, muros, ventanales y

arcadas, acentúan aquí el espacio creado como aquel en

el que confluyen los puntos de fuga, pero a la vez del que

parten hacia el infinito los precisos trazos de una arqui-

tectura que comienza a tomar forma a partir de la huida

del dibujo que la conforma.

Esta utilización y abordaje de los espacios vacíos, pro-

viene también de reflexiones como las que emprende en

la serie

Causa efecto

, especialmente en la instalación que

llevó a cabo con 2000 pelotas de tenis suspendidas que

marcan la trayectoria de un objeto en movimiento.

Imposible olvidar las exhaustivas pruebas fotográficas

que se hicieron hace poco menos de un siglo y que des-

entrañaban, con base en filmaciones de alta velocidad, la

intimidad del movimiento. Así, veíamos en ellas multi-

reproducidas en la misma placa a una sola persona, una

misma pelota, una misma gota de agua que aparecían

ante nuestros ojos como si fuesen cientos.

Cuando Ana Soler realiza esta instalación, otorga

cuerpo y volumen a ese sueño de antaño que pretendía

desentrañar los secretos de un desplazamiento o una tra-

yectoria. Sin duda, una de las claves del trabajo de esta

creadora visual es la utilización y apropiación del espacio

de trabajo lanzando un reto a la ley de la gravedad, gene-

rando tensiones y distensiones que inciden en el conte-

nedor de sus piezas (un museo, una galería, un edificio

público o los espacios abiertos).

Veíamos en la misma placa a una sola persona, una misma pelota, una misma

gota de agua que aparecían ante nuestros ojos como si fuesen cientos