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Imágenes de las series “Too Young to Wed”, “Afghan Brides” y “Child Brides”

H

ace 12 años, en 2003, Stephanie Sinclair se en-

contraba en Afganistán en medio de tensiones

bélicas, latentes y presentes, de un conflicto que

se extendía por la región. En aquellos momentos, un fe-

nómeno extraño e inquietante se empezó a hacer común

entre los pacientes de las clínicas y hospitales de la ciudad

de Herat, que llamó la atención de la fotógrafa estadou-

nidense. Se trataba de mujeres que se prendían fuego a sí

mismas y eran atendidas por el personal de urgencia que,

según los testimonios recogidos, se fue incrementando

con el paso del tiempo. En estas imágenes desgarradoras,

donde se exponía el cuerpo destrozado y estaba a flor de

piel el dolor y sufrimiento humano, se hizo evidente una

poderosa ausencia: una explicación.

¿Cuáles eran los motivos de esta conducta entre un

grupo mayoritariamente formado por jóvenes mujeres,

casadas, con una familia, esposo e hijos? ¿Cuáles eran

los motivos para realizar un acto de auto violencia tan

brutal? ¿Suicidio, inmolación? Durante dos años bus-

có las respuestas en una investigación gráfica y docu-

mental de estos eventos y comenzó a encontrar algunas

pistas. La exposición

Self-Immolation in Afghanistan: A

Cry for Help

(“Autoinmolación en Afganistán, un grito

de ayuda”), fue el resultado.

Para Stephanie Sinclair, una mujer profesionista

perteneciente a la cultura occidental, los motivos que

exponían las mujeres inmoladas eran incomprensi-

bles e insuficientes (aún lo son): “rompí la televisión

de mi marido”, “el té no estaba lo suficientemente ca-

liente”, “salí de casa”. Sin embargo, algunas similitudes

y experiencias compartidas fueron emergiendo, ya

que muchas de estas mujeres fueron obligadas a ca-

sarse siendo niñas, cuando tenían entre 9 y 13 años

de edad; todavía iban a la escuela (las que podían asis-

tir) y jugaban con muñecas. De esta forma surgieron

los trabajos sobre la inmolación de mujeres en Medio

Oriente y

Child Brides

, las niñas-esposas obligadas a

contraer matrimonio.

Más adelante, luego de 8 años de investigación, Sin-

clair concibió el proyecto

Too Young to Wed

(“Muy

jóvenes para casarse”), un documental que es resulta-

do de una investigación que la llevaría a recorrer las

regiones del mundo donde esta práctica es común,

África, Medio Oriente, Asia, América del Sur. Actual-

mente, en más de 50 países existe la práctica del ma-

trimonio infantil.

“Es un fenómeno violento extremadamente com-

plejo. No es una sola cultura, ni una sola tradición, ni

una sola religión la que puede explicar, por sí misma,

esta costumbre cuyas consecuencias son más que terri-

bles y, en ocasiones, mortales”, explica Sinclair.

Son varias las razones por las que una familia está

dispuesta a casar a su hija, tan pequeña, con un hom-

bre mayor. Stephanie Sinclair encontró que, entre las

explicaciones más recurrentes, se encontraba el poder

acceder a recursos monetarios para poder alimentar

a los otros hijos, crear alianzas entre familias y pagar

deudas. En muchos casos, se acude a la figura de la

tradición de la comunidad para justificar estos matri-

monios. Además, casi todas estas comunidades tienen

un rasgo más en común: la pobreza. “Las familias no

se dan cuenta que al arrancar a las niñas de la escuela

están rompiendo el ciclo de la educación y reprodu-

ciendo, más fuerte y profundamente de lo que se cree,

el ciclo de la pobreza”, afirma Sinclair.

Las cifras son alarmantes, pues en los próximos diez

años cien millones de niñas serán desposadas antes de

los 15 años.

Actualmente,

Too Young to Wed

es una organiza-

ción sin fines de lucro que recibe el apoyo de la Nacio-

nes Unidas y otros organismos de defensa de los dere-

chos humanos para acabar, de una vez por todas, con el

matrimonio infantil alrededor del mundo, un esfuerzo

colectivo para construir una comunidad global dedi-

cada a brindar apoyo a través de proyectos de genera-

ción de ingresos, clases de alfabetización y grupos de

terapia para mujeres que son víctimas de abuso. Los

reconocimientos que ha recibido por este proyecto

incluyen tres premios World Press Photo, así como

exposiciones de prestigio en la Organización de Na-

ciones Unidas en 2012 y 2014; en la Bienal de Whitney

de Nueva York, en 2010; así como el prestigiado Premio

Pulitzer en el año 2000, entre otros.

El trabajo de Stephanie Sinclair expone las arraigadas

convenciones sociales que padecen las personas más

vulnerables entre la sociedad, es decir, las mujeres e in-

fantes que, sin opciones, ni voz, ni derechos, padecen

las consecuencias del abuso y la injusticia.