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términos precisamente de texturas, luminosidad,

profundidad y definición.

Lo que no debe perderse de vista es la curiosa pa-

radoja que este fenómeno ha prohijado: el desarrollo

de los formatos digitales tiene como principal come-

tido parecerse, acercarse tanto como le sea posible al

cine-cine, para decirlo con el concepto empleado por

numerosos directores y cinefotógrafos. ¿Mera nos-

talgia o requerimiento de calidad? Desde el punto de

vista tecnológico, el hecho de que los avances en la

calidad visual del píxel busquen producir la sensa-

ción ocular de que no está hecho de pixeles aquello

que se mira, significa tanto como avanzar para retro-

ceder. No sería, por cierto, la primera vez, ni acaso la

más notable, que la tecnología se viera obligada a re-

cular: ahí está el bien conocido asunto de la música,

cuya calidad sonora no ha hecho sino sufrir mermas

por culpa de los formatos digitales, a resultas de lo

cual cada vez más profesionales del audio, músicos

y aun casas productoras están regresando al formato

inmediatamente previo al digital.

Por lo que hace a la realización cinematográfica

documental, no hay demasiada discusión: hace mu-

chísimo que los documentalistas pueden ser lo que

son y hacer lo que hacen, gracias precisamente a la

existencia de la grabación en video, y si bien jamás

han sido claramente definidas las fronteras entre una

película hecha en video –y para el caso, cualquier gé-

nero de realización– y eso otro que se conoce nada

más como “video”, la posible diferencia estriba no en

el soporte físico sino en el lenguaje visual. En otras

palabras, quien conoce los elementos cinematográ-

ficos de composición de cuadro, los de iluminación,

los dinámicos de objeto y sujeto, así como los de pos-

producción –edición, corrección de color, etcétera–,

tendrá resultados muy cercanos ya sea que emplee

una cámara análoga o una digital, y las inevitables

diferencias, para entonces poco más apenas que

marginales, muy pronto serán no subsanadas sino,

simplemente, soslayadas por la razón arriba mencio-

nada: el referente visual será la imagen digital mis-

ma y, debe añadirse, no sólo la ofrecida por el cine

sino por esa ineludible (mal)educadora iconográfica

llamada televisión, cuyo lenguaje visual, por cierto,

obedece a necesidades y requerimientos por comple-

to diferentes, si bien consta que cuando ha querido

elevar al menos un poco la calidad de lo que ofrece,

también recurre a la aproximación máxima de la que

es capaz… al lenguaje cinematográfico.

* (México, 1967) Egresado de Lengua y Literatura Hispánicas en la

Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Es miembro del Sistema

Nacional de Creadores de Arte del FONCA y actualmente se desem-

peña como jefe de redacción del suplemento cultural “La Jornada

Semanal”, donde también publica su columna “Cinexcusas”.