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Yugoslavia musulmana en la mira”, de la serie “¿Quién protege la historia de la Historia?”

De-capital II”

Espero que al final nadie pueda justificar las limpiezas étnicas, los genocidios, la

guerra, la pobreza creciente de la mayoría de la población planetaria y el poder

de la violencia que niega paz y bienestar social a todos

¿Cómo reciclar las noticias para rescatar de la satu-

ración lo que asociado con una máxima o sin más, y

a partir de una recontextualización, desate una inte-

racción con quien las restaure conceptualmente? Las

delimitaciones provocadas por las manipulaciones

especulativas, trivializan o simplemente disfrazan la

crudeza de situaciones agobiantes. Provocar y comba-

tir la incertidumbre en estas circunstancias, es sacudir

violentamente con crudeza inigualable una realidad

mediatizada, notificada en las pantallas o en las pri-

meras planas. Esta operación permite cruzar obstá-

culos y permanecer íntegro y comprometido en la

experiencia que vivimos. Nos motiva a superar senti-

mentalismos para ubicarnos en el terreno de muchos

cuestionamientos que acompañan nuestro encuentro

con la obra de Ambra Polidori.

Perder la oportunidad de restaurar el orden, la paz

y el bienestar social, aniquila crecientemente nuestra

capacidad de detenernos ante la singularidad que no

se generaliza ni se agota como un hecho consumado.

Al someter la reproducción del sonido o de la ima-

gen a lecturas que trascienden lo circunstancial de

sus detalles, arranca en el espacio de la exposición un

proceso creativo contagioso que invita a reubicar lo

percibido en un registro consciente que plantea otras

medidas ante lo terriblemente presente.

Punto y apar-

te

no es una sentencia radical, ni es lo absoluto, es la

evidencia de hondas discrepancias ante el modo de

transcurrir de los hechos que archivan las agencias

noticiosas.

Los reacondicionamientos que elabora Ambra tie-

nen el privilegio de exhibirse en un espacio y, poste-

riormente, en un catálogo; esta situación trae a discu-

sión esta red o encrucijada de versiones que discuten

los procesos o los territorios de legitimación del arte y

las polémicas en torno al lugar específico que ocupa,

no importa de qué lado de la frontera impuesta. Son

temas que incursionan en el discurso del arte contem-

poráneo con la conquista de una atención más con-

centrada en lo que artísticamente se desprende de su

insoslayable realidad. Sacuden los prejuicios que pre-

tenden inhibir la libre circulación de las ideas.

Entre la percepción y la interpretación se articulan

traslapes que se recorren en este intercambio atento a

un constante cuestionamiento que atraviesa las salas

irrumpiendo por las obras. ¿Quién une el sentido de

tantas coyunturas? ¿Son suficientes las grietas resana-

das, las cicatrices resarcidas o las huellas recogidas?

¿Cómo se repara el accidente? ¿Acaso restituye este

intento lo perdido? Asomarnos al abismo que des-

entrañan los abortos de todo tipo y los aciertos que

los resaltan, libera de la enajenación avasallante. Des-

cendiendo al grado cero, nos encontramos al filo de

un peligro desbordante que acecha la vida en la tie-

rra. La insatisfacción no da la espalda, al contrario, se

evidencia. Su presencia no muestra ni color ni forma,

las convierte en el clamor de los reclamos silenciosos

pero no quietos, sabe distanciarse de las noticias para

volverse un espacio de transmutación, un proceso que

cataliza reinterpretaciones centrífugas. Concurren en

ella aspiraciones que se diseñan en circunstancias

contrastadas por las sugerencias propias más que por

las atmósferas de estos escenarios.

Pero cuando la inestabilidad y la intolerancia nos

cambian el patrón de vida, nuestra realidad adquiere

una nueva geometría cuyos linderos, improvisados o

espontáneos, rompen esquemas e innovan estrategias

que sacuden los usos y las costumbres superados. Per-

seguidos, refugiados, emigrantes, estudiantes asesina-

dos, son cicatrices que difícilmente la cirugía globali-

zadora o la red cibernética pueden restañarle a la hu-

manidad. La urgencia de soluciones menos drásticas

en cambio nos evitaría tanto suplicio. ¿Cuántos recla-

mos de los que aquí oscilan en el halo de estas mira-

das víctimas siempre amenazadas por la explotación

podrían haberse evitado sin derramar tanta sangre?

Lo árido y estéril de rastros y ríos surcados por ser

abatidos por la impunidad de tantas dictaduras blan-

das o rígidas, enmarca seres vivos, con ensueños cuyo

pulso apenas late en la duda. Las víctimas amputadas,

desplazadas o humilladas en sus migraciones forzadas

generan mapas ignorados por la voracidad de ciertos

globalizadores. Familias, despojos, huérfanos con vidas

truncas a quienes ninguna respuesta resucitará los hi-

jos, los padres o los hermanos inquietan nuestra tran-

quilidad y confianza. ¿Por qué todo esto? La rever-

beración de los círculos concéntricos no es el blanco

que no hemos atinado, sino la mirada inocente de los

niños a quienes no hemos podido contestar acerca del

carácter beligerante de nuestra civilización.

Al fomentar una cultura de resistencia frente a las

tentaciones perversas o la ceguera virtual a la que

nos acostumbramos peligrosamente, la exposición se

desenmarca al igual que las obras y su autora, para

establecer correspondencias en el exilio de estas vi-

vencias. La energía traslúcida que anima su recorrido

arroja propuestas irresistibles al intelecto y a la sensi-

bilidad. Espero que al final nadie pueda justificar las

limpiezas étnicas, los genocidios, la guerra, la pobre-

za creciente de la mayoría de la población planetaria

y el poder de la violencia que niega paz y bienestar

social a todos.

* (Senegal, 1953) Es crítico de arte, museólogo, curador y docente.

Actualmente es Coordinador de Exposiciones y Registro de Obra del

Antiguo Colegio de San Ildefonso. Ha participado como ponente en

diversos coloquios, seminarios y foros nacionales e internacionales y

fue Presidente del Jurado de la 49° Bienal de Venecia, en el año 2001.

Radica en la Ciudad de México desde 1975.