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Nacional (2013) incluyó dos documentales, ambos esplén­

didos:

La casa de la radio

(Nicolas Philibert, 2012) y

Liv &

Ingmar

(Dheeraj Akolkar, 2012).

No está de más mencionar la importancia creciente que ha

adquirido en México Ambulante-Gira de Documentales, un

ambicioso y vasto proyecto de exhibición de cine documen-

tal que está comenzando a tener un impacto ya perceptible

en los hábitos de consumo de cierto sector del público es-

pectador. Gracias a este y otros escaparates dedicados espe-

cíficamente a la difusión del cine documental, los públicos

de todo el mundo han podido acercarse con una frecuencia

antes impensada a este importantísimo género fílmico, que

poco a poco está comenzando a dejar una huella antes im-

pensable en el circuito de consumo fílmico. Así, en años

recientes ha sido posible ver, más allá de las pantallas de las

cinetecas y cineclubes, filmes documentales de primera línea,

como

Pina

(WimWenders, 2011);

Super-engórdame

(Morgan

Spurlock, 2003);

Una verdad inconveniente

(Davis Guggen­

heim, 2006);

La cueva de los sueños olvidados

(Werner Her-

zog, 2010);

Nacidas en los burdeles

(Ross Kauffman y Zana

Briski, 2003);

Buscando a Sugarman

(Malik Bendjelloul,

2012) y, por supuesto, los controversiales pero siempre inte-

resantes y propositivos documentales de orientación política

y social de Michael Moore.

En nuestros días, uno de los aspectos más fascinantes del

cine documental es su capacidad de empoderamiento. Las

cámaras de video son cada vez más pequeñas y ligeras, más

baratas y de mejor calidad de imagen. Ello ha permitido que

casi cualquiera que tenga algo que registrar en imágenes en

movimiento, y decir algo con el montaje de esas imágenes,

pueda hacerlo sin complicarse la vida con las onerosas con-

sideraciones financieras y tecnológicas de antaño. Esta facili-

dad de acceso, por llamarla de alguna manera, es claramente

un arma de doble filo; las novedosas posibilidades para filmar

trozos de la realidad y manipularlos puede dar lugar a un am-

plísimo abanico de intenciones y resultados, que van desde

los tendenciosos e impresentables “reportajes” y “segmentos

noticiosos” producidos y difundidos con las peores intencio-

nes por Televisa y TV Azteca en México, hasta los documen-

tales producidos en Venezuela para dar cuenta de ese singu­

lar fenómeno cultural y social que es el Sistema Nacional de

Orquestas Juveniles e Infantiles. Entre estos extremos hay nu-

merosas posibilidades, buenas y malas; y hay, sobre todo, el

potencial real de practicar el cine documental conmedios mí-

nimos y resultados máximos. De hecho, en algunos casos no

hace falta siquiera tener una cámara. Basta recordar que la

divulgación de los numerosos fragmentos de video grabados

con teléfonos celulares durante las manifestaciones populares

en la Plaza Tahrir, de El Cairo, fueron de capital importancia

para derrocar al despótico régimen de Hosni Mubarak. Cier-

tamente, el cine documental en el siglo XXI es una fuerza de

cambio digna de ser tomada en cuenta.

La divulgación de los numerosos fragmentos de video grabados con

teléfonos celulares durante las manifestaciones en la Plaza Tahrir fueron

de capital importancia para derrocar al régimen de Hosni Mubarak

* (México, 1955) Compositor, crítico de música, fotógrafo, produc-

tor de televisión, locutor y guionista de televisión y cine. Estudió

Ingeniería Electromecánica en la Universidad Iberoamericana y

Cine en la UNAM.

Súper-engórdame

La cueva de los sueños olvidados

Nacidas en los burdeles

Nacidas en los burdeles

Buscando a Sugarman

La cueva de los sueños olvidados