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El cine que nos precedió en los 60 era

un cine que había falsificado la realidad

del país, escapista y rentable

FINI: Don Felipe Cazals, gracias por recibirnos para esta entre-

vista. ¿Podría hablarnos de los motivos que lo hicieron elegir el

cine como una forma de vida y de expresión creativa? ¿Siempre

supo que el cine era su pasión?

Felipe Cazals:

Nunca. No, lo que pasa es que mis estudios de pre-

paratoria no los pasé en el Centro Universitario México, el CUM,

sino en el cine Gloria y en el cine Morelia, pues tres películas al día

por dos pesos hicieron que por tres o cuatro años me interesara

más el cine que otra cosa. De ahí continué neciamente a estudiar

para ser doctor en la Facultad de Medicina, cuando estaba en Santo

Domingo, y pues el asunto no resultó. Ante el

tumbaburro

de Qui-

róz y lo que suponía ser médico, o el futuro de un médico, me di

cuenta que ese no era el camino. Entonces opté por otras cosas,

entre ellas la Facultad de Filosofía y Letras, que estaba muy uni-

da al teatro, tenía una cierta relación con los teatreros. Al mismo

tiempo, continué con lo que sabía de chamaco, pues había estado

en una escuela militar, con los caballos, y empecé a frecuentar más

el Hipódromo de las Américas, donde me ganaba yo la vida como

galopador en las mañanas y después como apoderado de jinetes.

Lo cual me permitió conocer a varios amigos que después estu-

vieron conmigo en el cine, entre ellos Tomás Pérez Turrent, que

en aquel tiempo quería ser novillero; Helena Rojo, que era la hija

de un entrenador de caballos, y muchas otras gentes. Acabé por

concursar para una beca de cine en una academia de París, obtuve

la posibilidad de hacer el examen de admisión y aprobé.

FINI: En el conjunto de su obra ha explorado muchos temas e

incursionado en distintos géneros, pero es una constante las

historias basadas en hechos reales. ¿Qué película le falta diri-

gir? ¿Qué obra quisiera realizar?

FC:

Me faltó hacer una película sobre los banqueros. Yo creo que

en todos los temas que he podido abordar, algunos de ellos con

cierta ironía, otros con franco interés para descubrir quiénes son

en verdad, me faltó la gente de la banca. Aunque puede conside-

rarse como un oficio honorable el trabajar en la banca, creo que en

espíritu los banqueros son unos miserables, creo que ya no tengo

tiempo para eso.

FINI: En su obra encontramos el propósito de provocar en el

espectador una reflexión sobre la lealtad, la justicia, la intole-

rancia, el dolor o la muerte. Muchas de sus películas pueden

considerarse ensayos sobre la condición ética de la sociedad.

En cintas como

Digna

o

Canoa

encontramos una denuncia po-

lítica de la injusticia. Le da voz, a través del arte, a la inconfor-

midad.

FC:

Lo que sucede es que la gran mayoría de mis trabajos están

relacionados directamente con un hecho acontecido. He interpre-

tado mi situación en el cine mexicano como indisociable del tiem-

po y el lugar donde me tocó vivir. Considero que un cineasta no

puede aislarse del momento ni de lo que lo rodea. Y consecuen-

temente debe de tener una posición crítica al respecto. A partir

de ello hay una visión y una actitud. Y en general, al hablar de

problemas sociales el tener una posición y una visión reclaman

necesariamente un testimonio, si es que no es una denuncia. Esto

es, en síntesis, lo que podría calificar la gran mayoría de mis tra-

bajos. Son testimoniales.

FINI: Ha trabajado con grandes guionistas y usted mismo es

guionista. ¿Qué elementos busca en una historia para llevarla

al cine?

FC:

Puedo ser lo más gráfico posible. Yo pienso que para el espec-

tador de cine, que es un medio de expresión, que no de comuni-

cación, lo importante es esa emoción que provoca el encadena-

miento de imágenes y el hilo transmisor que llevan esas imágenes

y la forma de narrar una historia. Para mí el procedimiento es el

siguiente: yo voy del duodeno al hipotálamo. Es decir, primero

golpeo biológicamente para que haya una reacción y espero que,

posteriormente, durante el transcurso de la película o después de

haberla visto, haya una reflexión al respecto.

FINI: ¿Qué consejo daría a los jóvenes realizadores?

FC:

Lejos de mi dar consejos. Aquí no hay consejos. Lo único que

hay es trabajar. Soñar cine, comer cine, cuando se puede. Sacrifi-

car todo por el cine: la familia, los hijos, los padres, los compro-

misos, los ideales. Vivir única y exclusivamente para el cine, por el

cine y, lo más seguro, casi siempre, perder con el cine.

FINI: ¿Qué duro, no?

FC:

Recuerda que en 1970, en el relevo generacional del cine

mexicano, éramos 82. Somos en la actualidad cuatro. Decepcio-

nes, fallecimientos y, sobre todo, derrotas, derrotas terribles que

permanecen en la oscuridad. Y todo eso en aras de hacer una buena