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Las matemáticas han hecho un progreso

enorme hace ya varios siglos con la inven-

ción de los números imaginarios. Ahora bien,

un número imaginario es algo muy extraño.

Es posible comprender lo que es un número

negativo. Pero un número imaginario es ab-

solutamente incomprensible desde el punto

de vista de la racionalidad. La definición de

número imaginario: es un número que con-

tiene la raíz cuadrada de un número negativo.

Sin embargo, un número negativo no puede

tener raíz cuadrada. El cálculo ha tropezado

con eso durante mucho tiempo. Se nos de-

cía que la ecuación de segundo grado tiene

una incógnita ax

2

+bx+c = 0, y no había so-

lución a menos que el discriminante fuera

positivo. Se nos decía que no se puede sacar

la raíz cuadrada de un número negativo.

Después, de pronto, alguien dijo que sí, que

se podía imaginar que hay una manera de

hacerlo, y esa persona imagina el símbolo

“I”. Esto también es completamente opues-

to a la racionalidad. El número imaginario

no se puede representar. En fin, todas las

matemáticas se han construido sobre nocio-

nes como ésa.

Otro científico ha formulado esta idea

que es excitante: el criterio de cientificidad

de una teoría no es que ésta tenga razón;

todo lo contrario, el criterio de cientificidad

es probar que al menos en algún punto esta

teoría se equivoca. Este estudioso dijo que

la ciencia es un cuerpo vivo que para existir

necesita de fisuras, de agujeros. Es decir, que

la teoría tenga lagunas. Obviamente, parece

poco racional que el criterio de cientificidad

no sea el hecho de que la teoría tenga razón

sino que, justamente, se equivoque.

De alguna manera, Maya Goded hace algo

similar con la imagen. Uno podría pensar

que lo que se supone que ve se enmarca en

algo que algunos ya habrán visto o pensado

haber admirado; sin embargo, el punto de

la mirada de Maya Goded realiza precisa-

mente la misma operación que un número

imaginario. Más bien, la raíz cuadrada de un

número semejante. De otra manera no en-

tenderíamos de dónde parte cualquiera de

las imágenes presentes en esta selección. No

importa tanto, creo, ver lo que aparece –que

es impresionante y estético por su misma

naturaleza– sino dónde estuvo el ojo que lo

vio. Pensé, en cierto momento, en la figura

del

voyeur

, pero la descarté de inmediato

por lo obvio y, sobre todo, lo falso de seme-

jante aseveración. Entonces se me ocurrió

primero lo del número negativo para tratar

de demostrar un trabajo tan intenso, pero

también muy pronto el término me fue

Una fotógrafa

convertida en una

abstracción

semejante, con la

intención, quizá,

de ser sin ser, de

estar sin estar, de

confundirse de tal

modo con el

objetivo escogido.