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Las imágenes, como las palabras, son una de las fuentes más ricas

de la memoria. El tiempo, sin ellas implacable, acabaría arrastrando

a su paso el recuerdo de lo que fuimos, lo que quisimos ser, lo que

hemos perdido, lo que hace un minuto, o una eternidad, dejó de es-

tar entre nosotros. Cuando observamos con detenimiento la imagen

capturada o recreada en un papel, el instante congelado cobra vida y

nos remonta a lugares y momentos ya inexistentes, únicos e irrepe-

tibles, desde donde resurgen emociones, sonidos, silencios, luces y

sombras, algarabía o desolación, armonía o conflicto, vida o muerte.

Y es así que cada mirada las recupera a su manera: ya no

están

pero

vuelven a

estar

.

Una imagen, así, es una infinidad de imágenes. Cada una abre

el juego de posibilidades ilimitadas entre la creación y la recrea-

ción, entre el autor y el espectador, entre lo que fue en el fugaz o

pertinaz impulso creativo y lo que en ella observa más tarde cada

nueva mirada. Pero también puede ser sencillamente rotunda: un

crimen, una plaza, una multitud atónita, un hombre armado que ha

matado a otro. La revelación de un hecho que ha pasado a formar

parte de nuestra memoria, aunque no hayamos estado ahí, y que no

podemos olvidar. En el ámbito de la denuncia, como en tantos otros,

la fotografía transformó al mundo. Ya nadie podrá eludir nunca la

exigencia ética, el deber social, quizá la rebeldía o la solidaridad,

por Alberto Begné Guerra

La fuerza de las imágenes

ante hechos injustos ocurridos en lugares lejanos o cercanos, antes

ignorados, casi inexistentes.

Esto ocurre, para bien, con nuestro entorno natural. La belleza de un

río limpio o de una selva exultante, llena de vida, contrasta con la basura

en el agua turbia y la visión sombría de la deforestación. Fotografías que

nos revelan los tremendos alcances de la depredación humana; que nos

obligan a denunciar, actuar, tratar de recuperar lo que hemos perdido.

Por lo demás, nos es muy grato destacar el impulso y la presencia de la

estampa digital que, por primera vez en Latinoamérica, está presente en

un concurso internacional. La participación de David Adamson, como

impresor, protagonista y precursor de este nuevo soporte, junto con los

demás miembros del jurado, representan la multidisciplinareidad, en ar-

monía con la época, de este primer Festival.

La relación entre las imágenes y la naturaleza es, en este sentido, una pieza

indispensable en el engranaje de la responsabilidad ambiental de las socie-

dades de nuestro tiempo. Y su contribución, aún limitada, está llamada a ser

cada vez más importante en esta causa vital. Por ello, el Rector de la Universi-

dad Autónoma del Estado de Hidalgo, maestro Humberto Veras Godoy, pro-

puso que la primera edición del Festival Internacional de la Imagen (FINI) tu-

viera como eje temático el medio ambiente y, por supuesto, la responsabilidad

compartida con el desarrollo sustentable. Un compromiso universitario con

la creación y la tecnología de la imagen a favor de nuestro entorno natural.

Robert Longo. “Godzilla”, 2005. Impresión de pigmento sobre papel Somerset Velvet, 101.6 x 172.7 cm. Tomado del libro

Atelier Adamson

, de David Adamson, editado por Steidl / Maison

Européenne de la Photographie, Paris, 2005. Todas las imágenes son de esta obra y se reproducen por cortesía del editor.

Adam Fuss. “1-2 Untitled Chrysalis”, 2003-2004. Impresión de pigmento sobre papel Somerset

Velvet. 11.76 x 187.96 cm.

Robert Rauschenberg. “Norman’s Place”, 1955. Impresión Iris sobre papel Somerset Textured,

35.2 x 35.2 cm.