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México, entre más de 190 países,

forma parte de una selecta docena

de territorios conocidos como

“países megadiversos”, en los cuales

se concentra la gran mayoría de las

especies del mundo.

Día tras día, nuestra familiaridad

con los paisajes naturales se reduce;

con el correr del tiempo conocemos

menos a los habitantes originarios

de nuestro país. La transformación

del paisaje crece semana a semana

para sostener a ciudades que se ha-

cenmás grandes. Y, sin embargo, no

nos hemos podido “desconectar” de

la naturaleza.

La serenidad y el bienestar que

nos produce convivir con plantas

y animales en ambientes natura-

les, en una breve salida al campo

o en un día de excursión, son difí-

ciles de describir. Sin duda, son el

resultado de nuestra larga historia

evolutiva; de un tiempo cuando

conocer la identidad de plantas y

animales, así como sus propieda-

des, era necesario para sobrevivir.

Cuando conocemos la historia

de los organismos que viven en el

planeta, sus interacciones ecológicas,

las adaptaciones al ambiente y sus

hazañas de sobrevivencia –a pesar

de nuestros continuos esfuerzos

por exterminarlos–, es que comen-

zamos a apreciarlos y a disfrutarlos

por lo que son sin prestar atención

a lo que nuestro prejuicio nos dicta.

Un paseo por la naturaleza tie-

ne millones de recompensas, aun-

que no para quienes ven, sino para

los que observan; no para los que

oyen, sino para aquellos que es-

cuchan; no para quienes olfatean,

sino para los que distinguen los

aromas; no para los que tocan, sino

para los que sienten. La diferencia

entre los primeros y los segundos

se debe a la experiencia: no se pue-

de apreciar ni entender la naturale-

za si no la conocemos y la vivimos.

Quienes habitamos en México

somos privilegiados por la elocuen-

cia con la que la naturaleza está pre-

sente a lo largo y ancho del país, ya

que entre más de 190 países forma-

mos parte de una selecta docena de

territorios conocidos como “países

megadiversos”, en los cuales se con-

centra la gran mayoría de las espe-

cies del mundo. Para que ello fuera

posible se conjuntaron varias carac-

terísticas, como su ubicación tropical

y la gran superficie de kilómetros

cuadrados que abarca; la diversidad

de paisajes, montañas, climas y sue-

los; la historia de intercambios de

flora y fauna entre el sur y el norte

del territorio y del continente; la in-

mensidad de ambientes marinos que

lo rodean y, muy recientemente, la

contribución de las culturas origina-

rias que se adaptaron para vivir en

este intrincado tapiz ambiental. De

la diversidad agrícola que produje-

ron estas culturas nos beneficiamos

todos los días no sólo los mexicanos,

sino muchas otras poblaciones en

varios continentes.

La gran complejidad y variedad

ecológica nos permite disfrutar de

matorrales, pastizales y bosques; sel-

vas húmedas y secas; bosques fríos,

templados y nublados; praderas

alpinas; arrecifes; magnas profun-

didades marinas; dunas de arena;

manglares y una gran variedad de

humedales. A pesar de que todavía

no conocemos gran parte de la ri-

queza biológica del país, sí sabemos

que en México viven 1,096 especies

de aves; 804 especies de reptiles; 361

tipos de ranas, sapos y salamandras;

2,692 especies de peces; 535 especies

de mamíferos y 19,065 especies de

plantas con flores. Para todos estos

grupos, México alberga entre el 8 y

el 12% de las especies del mundo, a

pesar de que el territorio de nuestro

país abarca alrededor del 1.5% de la

superficie terrestre del planeta.

México es, además, el centro de

diversificación de importantes gru

por Carlos Galindo Leal

La riqueza natural de México

Imágenes de Miguel Angel Sicilia Manzo / Banco de Imágenes CONABIO.